La falta de interés religioso entre niños, jóvenes y familias en Europa llegó hasta el Vaticano a través de una carta sencilla, pero cargada de preocupación. Nunzia, una catequista suiza con más de una década de experiencia, expuso una realidad cada vez más común: la fe compite con el deporte, las fiestas y las pantallas, y muchas veces pierde.
Desde su comunidad en Laufenburg, un pequeño pueblo de poco más de 600 habitantes, relató cómo la catequesis se vuelve cuesta arriba cuando los padres se muestran ausentes y los jóvenes parecen desconectados de cualquier experiencia espiritual.
Iglesias vacías y fe en retroceso
La catequista describió un panorama que se repite en buena parte del continente europeo: parroquias con asistencia mínima, celebraciones dominicales dominadas por adultos mayores y una dificultad creciente para generar compromiso religioso sostenido.
A pesar de ese escenario, Nunzia afirmó que sigue “sembrando”, aunque el crecimiento sea lento y frágil. En su carta, pidió al Papa una oración por los jóvenes a su cargo y también fortaleza personal para no abandonar su misión.
La respuesta del Papa León XIV
El Papa León XIV abordó el testimonio desde una mirada amplia y sin dramatismos. Reconoció que la situación descrita no es aislada ni exclusiva de Suiza, sino parte de una transformación cultural que atraviesa a muchos países con tradición cristiana.
Lejos de centrarse en estadísticas o en la caída de la asistencia, el Pontífice fue claro al afirmar que el valor de la catequesis no depende de la cantidad de personas presentes. Para él, el tiempo dedicado a formar en la fe nunca es tiempo perdido, incluso cuando el grupo es pequeño.
El verdadero problema, según el Pontífice
En su reflexión, León XIV apuntó a un desafío más profundo que la disminución numérica. Señaló que la Iglesia enfrenta una pérdida progresiva del sentido de pertenencia, donde muchos creyentes se relacionan con la fe solo de manera ocasional o por costumbre.
El Papa advirtió que existe el riesgo de vivir la religión como un servicio que se consume, en lugar de asumirla como una experiencia comunitaria, en la que cada persona cumple un rol activo dentro del Cuerpo de Cristo.
Conversión y testimonio, no estrategias de mercadeo
Como respuesta pastoral, el Papa no propuso campañas ni fórmulas rápidas. Insistió en que la Iglesia necesita una conversión compartida, vivida de forma comunitaria y constante.
Recordó que la puerta de entrada a la fe no son las estructuras ni los programas, sino el encuentro con Cristo, y subrayó que el testimonio personal sigue siendo la herramienta más poderosa para transmitir el Evangelio.
Inspirado en Pablo VI, León XIV cerró su mensaje reafirmando que la misión cristiana consiste en mostrar la alegría que nace del Evangelio, una alegría que no depende del éxito visible, sino de la fidelidad al mensaje.


