El presidente salvadoreño admite que le gustaría continuar en el cargo, mientras las reformas legales abren un nuevo escenario político en el país.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, volvió a generar debate regional al expresar públicamente su deseo de permanecer en el poder por una década más. Aunque aclaró que se trata de una aspiración personal y no de una decisión tomada, sus declaraciones reavivan la discusión sobre la reelección, el equilibrio institucional y el rumbo político del país centroamericano.
Bukele hizo estas afirmaciones durante una entrevista con el influencer español David Cánovas, conocido como The Grefg, un espacio poco convencional pero recurrente en la estrategia comunicacional del mandatario, quien rara vez concede entrevistas a medios salvadoreños tradicionales. En ese contexto, aseguró que no le gustaría abandonar la presidencia en el corto plazo, aunque condicionó cualquier eventual continuidad a la voluntad de Dios, el respaldo de su familia y el apoyo del pueblo.
El presidente explicó que, gracias a reformas impulsadas y aprobadas por la Asamblea Legislativa —dominada por su partido Nuevas Ideas—, el marco legal permitiría una nueva postulación presidencial. De concretarse, esto podría extender su permanencia en el poder hasta el año 2033, marcando un cambio profundo respecto a la tradición constitucional salvadoreña, que históricamente prohibía la reelección inmediata.
Bukele también dejó entrever que su permanencia en el cargo ha sido motivo de conversaciones familiares, señalando que existe un acuerdo informal con su esposa para mantenerse al menos hasta 2029. No obstante, reconoció que el escenario político aún podría variar y que incluso su mandato podría concluir en 2027, dependiendo de cómo evolucione el país.
El trasfondo de estas declaraciones está ligado a una serie de reformas aprobadas en los últimos años. Originalmente, Bukele fue electo para el período 2019-2024, sin posibilidad de reelección. Sin embargo, una reinterpretación constitucional avalada por la Sala de lo Constitucional abrió la puerta a un segundo mandato, que inició en 2024. Posteriormente, la Asamblea aprobó adelantar las elecciones a 2027 y extender los períodos presidenciales a seis años, un movimiento que redefine el calendario democrático salvadoreño.
Para sus seguidores, la continuidad de Bukele representa estabilidad, seguridad y resultados tangibles, especialmente en materia de combate a las pandillas y control territorial. Para sus críticos, en cambio, estas reformas y declaraciones refuerzan preocupaciones sobre la concentración de poder y el debilitamiento de los contrapesos democráticos.
En cualquier caso, el mensaje del mandatario es claro: su proyecto político no se concibe como una etapa corta. El debate ahora se centra en si el país, sus instituciones y su ciudadanía están dispuestos a acompañarlo en un camino que podría mantenerlo en el poder por más de una década.


