En un giro que mezcla devoción religiosa con estrategia política, el presidente venezolano Nicolás Maduro aseguró que Jesucristo es el “señor y dueño” de Venezuela, durante una actividad oficial realizada en el Palacio de Miraflores. El evento, presentado como un encuentro de oración por la paz, se llevó a cabo en un momento particularmente tenso en la relación entre Caracas y Washington.
La actividad reunió a pastores evangélicos, líderes del oficialismo y a la primera dama Cilia Flores, en una ceremonia transmitida en vivo por los medios estatales. Maduro sostuvo que la sede del Ejecutivo se convertiría, desde ese momento, en un “altar de oración”, reafirmando lo que él mismo calificó como una postura personal “radicalizada con Cristo”.
Aunque recordó que la Constitución venezolana garantiza la libertad religiosa, aprovechó el espacio para reafirmar su fe y colocarla en el centro de su discurso político. Según insistió, reconoce a “un solo Dios” como guía y protector de la nación, en un mensaje dirigido a su base más cercana y, al mismo tiempo, al público internacional.
El contexto: una crisis diplomática que no cede
La declaración no ocurrió en un vacío. Vino acompañada de un ambiente de creciente tensión con Estados Unidos, que mantiene operaciones aéreas y navales en el mar Caribe bajo el argumento de combatir el narcotráfico. Caracas, por su parte, acusa a la administración estadounidense de promover una intervención militar.
Maduro aseguró que cualquier ataque contra su país sería “el fin político” para el entonces presidente estadounidense Donald Trump, y reiteró su disposición a sostener un diálogo directo con él. Washington, sin embargo, mantiene una postura firme y recientemente anunció que el Cartel de los Soles —grupo al que vincula con altos mandos del chavismo— será catalogado como organización terrorista.
El Gobierno venezolano rechaza esa acusación y la califica de un intento por justificar un nuevo nivel de presión internacional.
Un mensaje religioso con tintes políticos
Especialistas consultados por medios internacionales apuntan a que este tipo de discursos busca reforzar el respaldo de sectores evangélicos, un grupo cada vez más influyente en la política latinoamericana. En Venezuela, estos mensajes suelen aparecer en momentos de crisis interna o externa, como mecanismo para cohesionar a la base chavista.
Mientras tanto, el clima en la región sigue siendo incierto. Caracas insiste en que Estados Unidos intenta provocar un cambio de régimen; Washington sostiene que actúa contra el crimen organizado. Entre discursos, tensiones militares y llamados al diálogo, la figura de Jesucristo terminó colocada por Maduro al centro de un tablero político internacional que ya de por sí vive bajo máxima presión.


