Maduro ordena a la Fuerza Aérea venezolana mantenerse en alerta máxima ante un eventual ataque de EE.UU.
La tensión entre Caracas y Washington volvió a escalar este 27 de noviembre, luego de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, instruyera públicamente a la Fuerza Aérea de su país a mantenerse en estado de vigilancia permanente. El mandatario insistió en que Venezuela debe estar preparada ante un posible ataque militar de Estados Unidos, gobernado actualmente por Donald Trump.
El mensaje lo dio en el marco del aniversario 105 de la Aviación Militar Bolivariana, una ceremonia que se celebró en Caracas y que fue transmitida por la estatal Venezolana de Televisión. Maduro apareció vestido con traje verde olivo y una gorra roja, lenguaje visual que buscó subrayar su presencia como comandante en jefe en tiempos de tensión.
Un discurso cargado de advertencias y simbolismo
Dirigiéndose a los pilotos y altos mandos, el presidente pidió “serenidad imperturbable” y disponibilidad absoluta para defender los “derechos de la nación”. Afirmó que, si las circunstancias lo obligaran, Venezuela podría declararse “una república en armas”, convencido —según dijo— de que el único desenlace posible sería “la victoria”.
Esta narrativa, muy característica del discurso político venezolano en los últimos años, busca reforzar la idea de un país sitiado por amenazas externas. La tensión con Estados Unidos tiene un historial extenso: sanciones financieras, denuncias de narcoterrorismo y una relación bilateral prácticamente congelada desde hace más de una década.
La “guerra psicológica” y la presión internacional
Maduro aseguró que desde hace 17 semanas su gobierno enfrenta una campaña de “amenazas continuas” impulsadas por actores que calificó como “imperialistas”. Según él, estas presiones buscan desestabilizar el Caribe, Venezuela y Sudamérica bajo “argumentos extravagantes”.
El mandatario insistió en que ni las sanciones, ni el “bloqueo”, ni esta supuesta “guerra psicológica” han logrado quebrar la voluntad del país. Incluso recordó jornadas de preparación militar para civiles y ejercicios castrenses recientes destinados —según dijo— a fortalecer la capacidad defensiva.
Este mensaje se da un día después de que Estados Unidos reforzara su despliegue naval en el Caribe con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford, uno de los buques insignia de su flota. Washington sostiene que su presencia responde al combate del narcotráfico y a la persecución de grupos criminales transnacionales.
Una clasificación que encendió más la tensión
El lunes anterior, el Departamento de Estado estadounidense designó al Cartel de los Soles —el presunto entramado de narcotráfico que, según investigaciones estadounidenses, vincula a altos mandos del régimen venezolano— como organización terrorista extranjera. La administración Trump ha acusado desde hace años a Maduro y a figuras de su gobierno de liderarlo, algo que Caracas rechaza rotundamente, calificándolo de “invento”.
Desde Costa Rica, analistas en relaciones internacionales señalan que este tipo de designaciones aumenta el riesgo diplomático y profundiza el aislamiento del gobierno venezolano. Además, reconfigura el campo de acción de Estados Unidos en la región, habilitando operaciones más agresivas bajo el argumento de combate al terrorismo.
Crisis aérea y advertencias de seguridad
A este ambiente ya tenso se sumó una crisis aérea en Venezuela luego de que múltiples aerolíneas cancelaran vuelos internacionales. La decisión vino tras una advertencia de Estados Unidos que pidió extremar precauciones al sobrevolar el sur del Caribe, alegando “situación potencialmente peligrosa”.
En respuesta, Caracas revocó las concesiones a varias compañías, una acción que agrava la ya complicada conectividad del país. Para sectores aeronáuticos costarricenses, acostumbrados a depender de la estabilidad regional para mantener rutas comerciales, esta situación genera preocupación por efectos indirectos en pasajeros y operaciones.
Un clima regional cada vez más complejo
El discurso de Maduro no es un hecho aislado, sino otra señal del deterioro sostenido de la relación entre Estados Unidos y Venezuela. La retórica militarista, combinada con sanciones económicas y acusaciones cruzadas, coloca a la región en un escenario delicado.
Para América Latina —incluida Costa Rica— estos acontecimientos reavivan debates sobre seguridad regional, soberanía y la necesidad de fortalecer mecanismos diplomáticos que prevengan que las tensiones escalen a niveles irreversibles.
Mientras tanto, Venezuela se prepara para “cualquier escenario”, según palabras del propio Maduro, y Estados Unidos mantiene activa su presencia militar en el Caribe. El panorama seguirá en movimiento en los próximos días, especialmente si se anuncian nuevas sanciones o respuestas desde Caracas.


