lunes, 13 julio 2026
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Fue por una revisión ocular y salió sin vista: grave denuncia

Lo que comenzó como una consulta médica rutinaria terminó convirtiéndose en un drama personal y en un caso que hoy genera indignación en México. Marián, una joven universitaria de 25 años, asegura que perdió gran parte de su visión tras un procedimiento oftalmológico que, según denuncia, nunca debió realizarse y fue aplicado sin las condiciones mínimas de seguridad.

La estudiante, quien cursa estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), relató públicamente que sus problemas visuales iniciaron en octubre de 2023, cuando comenzó a notar enrojecimiento persistente y dificultad para ver con claridad. Luego de pasar por tratamientos que no dieron resultados, recibió la recomendación de acudir a un especialista. Junto a su familia, eligió el hospital privado Médica Sur, confiando en su prestigio y trayectoria.

En la primera consulta oftalmológica, la doctora diagnosticó lesiones en ambas córneas y recetó gotas junto con lentes de contacto terapéuticos. Durante varios días, Marián notó una mejoría evidente: recuperó nitidez visual y pudo retomar actividades cotidianas como leer. Sin embargo, todo cambió en una cita de control.

De acuerdo con su testimonio, la médica consideró que la recuperación estaba siendo lenta y decidió intervenir de manera directa. Para explicarle el procedimiento, comparó el proceso con retirar una costra para acelerar la cicatrización. Acto seguido, siempre según la denuncia, utilizó una aguja para realizar múltiples cortes superficiales en ambas córneas, describiéndolos como marcas “en forma de gato”.

La reacción fue inmediata. Marián perdió la visión casi por completo en ese momento y solo distinguía sombras. Pese a su alarma, asegura que la doctora minimizó lo ocurrido y le indicó que la vista regresaría en cuestión de días. Esa mejoría nunca llegó.

Por el contrario, su condición empeoró de forma acelerada. El dolor se volvió intenso, la inflamación aumentó y sus ojos permanecían constantemente llorosos y enrojecidos. En una consulta posterior, se habló inicialmente de una posible infección; más adelante, otro especialista alertó sobre una infección micótica severa y un cuadro clínico de alto riesgo.

Con el paso de las semanas, Marián fue diagnosticada con complicaciones graves: infecciones bacterianas persistentes, desprendimiento de retina, inflamación de la mácula y desarrollo de catarata. Los tratamientos se extendieron por casi cinco meses y, pese a los esfuerzos médicos, el daño visual fue irreversible.

Un elemento clave del caso es que la joven padece diabetes desde los 16 años, condición que, según especialistas que la atendieron después, representa una contraindicación clara para ese tipo de intervención ocular. Marián asegura que esta información fue comunicada a la doctora desde la primera consulta.

Según su denuncia, varios médicos coincidieron en que lo ocurrido no responde a una complicación inesperada, sino a un acto de negligencia médica. Afirma que no existe un procedimiento clínico estándar que implique realizar cortes de ese tipo en la córnea, mucho menos en un consultorio común y sin un entorno quirúrgico estéril.

El caso ha generado debate en redes sociales y reabre una discusión que también resuena en Costa Rica: la importancia de la ética médica, la supervisión de procedimientos invasivos y el derecho de los pacientes a recibir información clara y segura antes de cualquier intervención. Mientras tanto, Marián enfrenta una nueva realidad marcada por la discapacidad visual y la búsqueda de justicia.

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