Estados Unidos inició una nueva etapa en su estrategia militar para el Caribe, caracterizada por una reducción parcial de tropas, pero acompañada de movimientos clave de alto simbolismo geopolítico. Como parte de esta reorganización, dos buques de transporte anfibio de la Armada estadounidense fueron desplazados a aguas del Atlántico, al norte de Cuba.
El reajuste ocurre días después del operativo militar del 3 de enero que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, una acción que marcó un punto de inflexión en la política de seguridad regional de Washington. Fuentes citadas por el medio estadounidense indicaron que, aunque el volumen total de la flota en el Caribe comenzó a disminuir, la presencia militar no se retira, sino que se redistribuye estratégicamente.
Los buques USS Iwo Jima y USS San Antonio, diseñados para transportar tropas y ejecutar desembarcos anfibios, fueron reubicados más cerca del eje Cuba–Atlántico Norte. Esta decisión implicaría una reducción aproximada de 3.000 efectivos en la región, dejando el contingente total en unos 12.000 militares. Al menos una de estas embarcaciones podría regresar en las próximas semanas a su puerto base en Norfolk, Virginia.
Desde mediados del año pasado, Estados Unidos mantuvo en el Caribe el mayor despliegue naval de su historia reciente, como parte de la presión sostenida contra el régimen venezolano. Ese despliegue incluyó destructores, buques anfibios y el portaaviones USS Gerald R. Ford, considerado el más grande y avanzado del mundo.
Interceptaciones de petroleros venezolanos
Paralelo al reordenamiento naval, Washington intensificó sus acciones contra el comercio ilegal de crudo venezolano. Este viernes, fuerzas conjuntas de Estados Unidos interceptaron el petrolero Olina en aguas del Caribe, en una operación coordinada entre el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional.
El abordaje se ejecutó antes del amanecer con infantes de Marina trasladados en helicópteros desde el USS Gerald R. Ford. Según el Comando Sur, la operación se realizó sin resistencia y busca enviar un mensaje claro contra las redes criminales vinculadas al contrabando y al crimen transnacional.
Posteriormente, el presidente Donald Trump aseguró que la incautación se efectuó en coordinación con autoridades interinas venezolanas y que el buque había zarpado sin autorización. Indicó además que el petróleo sería comercializado bajo un nuevo esquema energético impulsado por su administración.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, calificó al Olina como parte de la llamada “flota fantasma”, integrada por petroleros que intentan evadir sanciones internacionales mediante cambios de bandera o rutas clandestinas. En los últimos días, Estados Unidos también incautó otros cuatro buques vinculados al transporte de crudo venezolano, incluido uno con bandera rusa.
Reacciones internacionales y tensiones diplomáticas
Mientras Washington refuerza su control marítimo, el Gobierno venezolano agradeció públicamente a China por rechazar lo que calificó como violaciones al derecho internacional y a su soberanía. El canciller Yván Gil acusó a Estados Unidos de instrumentalizar los derechos humanos como justificación para acciones militares.
Por su parte, Pekín criticó duramente la incautación de petroleros en aguas internacionales, señalando que estas acciones contradicen principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas y carecen de respaldo del Consejo de Seguridad.
Funcionarios del Pentágono han dejado claro que la Operación Lanza del Sur no tiene un carácter temporal. Según Washington, la misión continuará el tiempo que sea necesario para asegurar las rutas marítimas, combatir el tráfico ilícito y reforzar la seguridad hemisférica, en una región que vuelve a ocupar un lugar central en el tablero estratégico global.


