En un momento de alta fricción diplomática, Venezuela volvió a colocar a América Latina en el centro del debate geopolítico. La vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, lanzó un llamado enérgico a Colombia, Brasil y México para construir un bloque regional frente a lo que Caracas considera una escalada militar por parte de Estados Unidos en el mar Caribe.
Las declaraciones, dadas durante la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz y transmitidas por la televisora estatal VTV, dejaron claro que el Gobierno de Nicolás Maduro ve en la reciente presencia aeronaval estadounidense un riesgo no solo para su nación, sino para toda la región latinoamericana. Rodríguez insistió en que la estrategia de seguridad impulsada por Washington no debe interpretarse como un movimiento aislado contra Caracas, sino como un mensaje que toca de lleno a la estabilidad del continente.
La funcionaria evocó incluso principios históricos. Recordó cómo los líderes independentistas venezolanos promovieron en su momento la idea de una gran nación latinoamericana, con un frente militar conjunto que protegiera al continente de amenazas externas. En esa misma línea, se dirigió directamente a los tres presidentes más influyentes de la zona —Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum— para insistir en la urgencia de articular una posición común.
Rodríguez fue contundente: “O nos unimos o sucumbimos”. Según su lectura, Estados Unidos estaría intentando reinstalar la Doctrina Monroe —un concepto político nacido en el siglo XIX que definió a América como “esfera de influencia” estadounidense— con la intención de reforzar su control estratégico sobre los países del hemisferio.
La vicepresidenta, quien también dirige la cartera de Hidrocarburos, señaló que detrás de esta confrontación existe una disputa por recursos naturales clave, especialmente el petróleo venezolano. Esta tesis no es nueva en el discurso del chavismo, pero vuelve a tomar fuerza en medio de un contexto internacional marcado por tensiones energéticas, conflictos armados y reacomodos de poder global.
Desde mediados de año, el gobierno de Donald Trump decidió desplegar en la región una operación militar sin precedentes bajo el pretexto de combatir el narcotráfico. Washington acusa a Nicolás Maduro de liderar el llamado Cartel de los Soles, una supuesta estructura criminal que la Casa Blanca vincula al tráfico de drogas y que ha servido como argumento para desconocer la legitimidad del Gobierno venezolano.
Para Caracas, esta incursión militar no es otra cosa que un intento encubierto de promover un cambio de régimen e instalar gobiernos afines a los intereses estadounidenses. Según Maduro, la ofensiva respondería a un objetivo claro: asegurarse el control de la industria petrolera y otros recursos estratégicos del país.
Si bien México, Brasil y Colombia no han emitido respuestas inmediatas al llamado, la situación abre un nuevo capítulo en la ya compleja relación entre Estados Unidos y América Latina. También pone en evidencia la fragilidad de los equilibrios regionales, especialmente en momentos donde las presiones económicas, los intereses geopolíticos y los desafíos internos obligan a los países del continente a tomar posiciones cada vez más definidas.
Por ahora, el ambiente sigue cargado de incertidumbre. Venezuela apuesta por construir un frente común latinoamericano, mientras Estados Unidos mantiene su postura firme en el Caribe. El desenlace dependerá de si las naciones llamadas a unirse deciden sumarse al bloque que propone Caracas o prefieren mantenerse al margen de esta nueva pugna hemisférica.


