viernes, 10 julio 2026
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Científicos encuentran evidencia de cómo Marte pasó de tener agua a ser un desierto

Durante décadas, Marte ha alimentado una de las grandes preguntas de la ciencia: si alguna vez tuvo abundante agua, ¿qué ocurrió para que terminara convertido en el mundo seco y polvoriento que hoy observamos? Ahora, un equipo internacional de investigadores aporta una pieza nueva a ese rompecabezas y apunta a un fenómeno poco esperado: tormentas de polvo locales, pero extremadamente intensas.

El planeta rojo muestra señales claras de un pasado muy distinto. Su superficie conserva huellas de antiguos cauces, minerales formados en presencia de agua y formaciones geológicas que solo se explican con la acción prolongada de líquidos. Todo eso sugiere que, en sus primeros tiempos, Marte fue mucho más húmedo y posiblemente más favorable para la vida microbiana.

La novedad surge de un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en colaboración con la Universidad de Tokio. Los científicos lograron demostrar que una tormenta de polvo inusual fue capaz de empujar vapor de agua hasta capas muy altas de la atmósfera marciana, en un periodo del año en el que normalmente ese proceso no era considerado relevante.

¿Por qué esto es importante? Porque cuando el agua en la atmósfera se descompone, el hidrógeno —uno de sus componentes— puede escapar con facilidad al espacio. Medir esa fuga de hidrógeno es, precisamente, una de las formas de estimar cuánta agua ha perdido Marte a lo largo de miles de millones de años.

Según los datos disponibles, el volumen perdido sería tan grande que, de haberse mantenido en la superficie, podría haber cubierto amplias zonas del planeta con capas de agua de cientos de metros de profundidad. Es decir, no se trata de pequeñas reservas aisladas, sino de un cambio climático planetario de enormes proporciones.

Marte, al igual que la Tierra, tiene estaciones debido a la inclinación de su eje. Sin embargo, su geografía es muy desigual: el hemisferio norte es más bajo que el sur. Esto provoca diferencias marcadas en el clima. Los veranos del sur suelen ser más cálidos y activos, mientras que los del norte se consideraban menos propicios para fenómenos extremos.

Justamente ahí radica lo llamativo del hallazgo. La investigación detectó un aumento anormal de vapor de agua en la atmósfera media durante el verano del hemisferio norte, asociado a una tormenta de polvo atípica ocurrida en el llamado año marciano 37, que equivale aproximadamente al periodo 2021-2023 en la Tierra.

Las observaciones muestran que esa tormenta inyectó grandes cantidades de vapor de agua hasta alturas de entre 60 y 80 kilómetros. A esas altitudes, la radiación solar puede romper las moléculas de agua con mayor facilidad, favoreciendo la pérdida de hidrógeno al espacio.

Más que una explicación definitiva, el estudio abre una nueva línea de investigación. Indica que no solo las grandes tormentas globales, sino también eventos locales intensos, podrían haber contribuido de forma acumulativa a la desecación del planeta.

Para la ciencia planetaria, entender este proceso no es solo mirar al pasado de Marte. También ayuda a comprender cómo evolucionan los climas de los planetas rocosos, incluida la Tierra, y qué condiciones permiten que el agua —clave para la vida— se mantenga durante miles de millones de años.

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