Un potente terremoto de magnitud 6,0 golpeó el este de Afganistán durante la medianoche del domingo, dejando un saldo de más de 1.400 personas fallecidas y más de 3.100 heridas, según cifras actualizadas por las autoridades.
El epicentro se localizó a 27 kilómetros de Jalalabad, en la provincia de Nangarhar, a apenas ocho kilómetros de profundidad, lo que multiplicó su capacidad destructiva. Las zonas montañosas de Kunar, Nangarhar y Laghman, en la frontera con Pakistán, fueron las más golpeadas.
Kunar, la provincia más devastada
El portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, informó que solo en Kunar murieron más de 1.400 personas. Allí, más de 5.000 viviendas de barro y piedra quedaron reducidas a escombros.
Los equipos de rescate, junto a habitantes locales, han trabajado contrarreloj utilizando incluso sus propias manos para remover los restos de casas colapsadas. Sin embargo, la magnitud de la tragedia y las constantes réplicas dificultan la labor.
“Las operaciones de emergencia continuaron toda la noche”, señaló Ehsanullah Ehsan, jefe de gestión de desastres en la zona.
La respuesta internacional ante la emergencia
La ONU activó su fondo de intervención de emergencia y anunció la movilización de cinco millones de dólares para atender a las víctimas.
Por su parte, la Unión Europea comunicó que enviará 130 toneladas de ayuda humanitaria esta misma semana, además de un millón de euros destinados a organizaciones que ya trabajan en el terreno.
Afganistán, sin embargo, enfrenta serias limitaciones para responder a la catástrofe. Tras décadas de conflicto y con la drástica reducción de la cooperación internacional en los últimos años, la infraestructura y los recursos son insuficientes.
Un país golpeado por la recurrencia de terremotos
Afganistán se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, principalmente en la cordillera del Hindú Kush, donde convergen las placas euroasiática e india.
En 2023, un sismo de magnitud 6,3 en la provincia de Herat dejó más de 1.500 muertos y decenas de miles de casas destruidas, lo que evidencia la vulnerabilidad del país.
Naciones Unidas alerta sobre el riesgo de más víctimas
El coordinador humanitario de la ONU en Afganistán, Indrika Ratwatte, advirtió que la cifra de fallecidos y heridos podría aumentar, ya que cientos de miles de personas estarían potencialmente afectadas.
Las condiciones geográficas, los derrumbes y la falta de vías de acceso complican la llegada de asistencia a las comunidades remotas. Además, el país enfrenta presiones adicionales como la sequía y el retorno forzado de refugiados desde Pakistán e Irán.
“Los recortes de fondos han obligado al cierre de cientos de instalaciones de asistencia. Con apenas un 28 % de los recursos solicitados para 2025, estamos muy limitados en la respuesta”, lamentó Ratwatte.


