La tranquila localidad de Saint-Molf, en el oeste de Francia, con apenas 2.800 habitantes, quedó conmocionada tras revelarse el estremecedor caso de una mujer de unos 40 años que fue secuestrada durante cinco años por su compañera de vivienda y la pareja de esta. La víctima sufrió torturas físicas y psicológicas, fue despojada de su dinero y ayudas sociales, y tuvo que subsistir en condiciones extremas dentro del garaje de la casa.
El calvario finalizó el 14 de octubre, cuando la mujer logró escapar y pedir auxilio a los vecinos, lo que permitió que la policía interviniera de inmediato. La Fiscalía de Nantes imputó a la pareja por secuestro con tortura, así como por abuso de persona vulnerable y apropiación fraudulenta de bienes.
El encierro, la humillación y la privación
Según la investigación, todo comenzó cuando la víctima convivía con una mujer de unos 60 años, auxiliar de enfermería. La situación se agravó cuando la mujer incorporó a su pareja, un hombre de 82 años, al hogar. La víctima fue primero obligada a vivir en una carpa en el jardín, antes de ser encerrada en el garaje, donde dormía en una reposera y hacía sus necesidades en baldes y bolsas de plástico.
“Comía papilla mezclada con detergente y la bañaban con lavandina; además, era drogada con medicamentos”, relató el fiscal Antoine Leroy. Durante años soportó el frío, la lluvia y la escasez de alimentos, y su cuenta bancaria fue vaciada, con los últimos movimientos transfiriendo dinero a la acusada desde 2022.
La huida y el rescate
La noche del 14 de octubre, la víctima aprovechó un descuido del hombre mientras veía televisión y logró salir del garaje para tocar timbres hasta que un vecino la auxilió. Al llegar la policía, la mujer presentaba hipotermia, extrema delgadez y señales de maltrato físico y desnutrición. Fue hospitalizada y recibió 30 días de incapacidad laboral por los daños sufridos.
Los gendarmes encontraron pruebas contundentes del secuestro: la puerta del garaje estaba bloqueada con bloques de cemento desde afuera, y en la vivienda había rastros de las torturas sufridas durante años.
Una comunidad en shock
Saint-Molf, normalmente un pueblo tranquilo, quedó en estado de conmoción y desconcierto. Vecinos aseguraron que el hombre parecía amable y que nunca imaginaron la magnitud de los abusos que ocurrían detrás de los adornos del jardín y la fachada común de la casa.
La pareja imputada reconoció las condiciones de vida de la víctima, pero intentó minimizar su responsabilidad. Actualmente, la mujer acusada está detenida, mientras que su pareja permanece bajo control judicial, enfrentando posibles penas de cadena perpetua.
El caso sigue bajo investigación por el polo criminal de Nantes, mientras la comunidad local intenta procesar cómo durante cinco años un crimen tan brutal pasó inadvertido, mostrando los límites de la vigilancia social incluso en pueblos pequeños.


