Un hecho tan inusual como revelador dejó a Sri Lanka completamente a oscuras durante buena parte de un domingo. Un mono entró en contacto con un transformador eléctrico y desencadenó una falla en cadena que cortó el suministro de electricidad en toda la isla, afectando a cerca de 23 millones de personas.
El incidente ocurrió en una subestación ubicada en Panadura, una ciudad cercana a Colombo, la capital. Aunque se trató de una instalación puntual, el impacto fue nacional. Según explicó el ministro de Energía, Kumara Jayakody, el choque del animal con el equipo provocó un desequilibrio técnico que terminó apagando el sistema eléctrico del país. El servicio empezó a fallar alrededor del mediodía y no se normalizó sino hasta las 5:30 de la tarde.
Más allá de lo anecdótico, el episodio abrió preguntas incómodas sobre la robustez de la infraestructura energética de Sri Lanka. Las autoridades investigan cómo un problema en una subestación —y no en una planta principal— pudo generar un apagón total. Especialistas locales apuntan a una red sensible, con pocos márgenes de respaldo, donde una falla aislada puede propagarse con rapidez.
Durante las horas sin luz, semáforos quedaron fuera de servicio en varias ciudades, comercios tuvieron que cerrar y hospitales activaron protocolos de emergencia. Para facilitar la recuperación del sistema, el Gobierno solicitó a los usuarios con paneles solares en techos que se desconectaran temporalmente de la red nacional, una medida poco común pero necesaria para estabilizar la frecuencia eléctrica.
El apagón también trajo a la memoria un pasado reciente complicado. Entre 2021 y 2022, los cortes de electricidad se volvieron parte de la rutina diaria en la isla, en medio de una severa crisis económica marcada por escasez de combustible, medicamentos y alimentos. Aquellos apagones fueron uno de los detonantes del malestar social que terminó con la salida del entonces presidente Gotabaya Rajapaksa.
Si bien la situación macroeconómica ha mostrado señales de mejoría tras un acuerdo de rescate por 3.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional en 2023, el evento de Panadura demuestra que la recuperación aún es frágil. La dependencia de una red eléctrica vulnerable, sumada a factores externos como el clima, la fauna o el mantenimiento limitado, mantiene al país expuesto a interrupciones inesperadas.
Desde Costa Rica, donde también convivimos con retos en infraestructura y protección de sistemas críticos, el caso de Sri Lanka deja una lección clara: incluso los incidentes más insólitos pueden tener consecuencias enormes cuando las redes no cuentan con suficientes capas de seguridad. Un mono fue el detonante, sí, pero el trasfondo apunta a un desafío mucho más grande: fortalecer servicios esenciales para evitar que un accidente menor se convierta en un problema nacional.


