En una declaración que sacudió el tablero político regional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación terrestre en Venezuela, en lo que calificó como una ofensiva directa contra estructuras dedicadas al narcotráfico. El anuncio se dio desde su residencia en Mar-a-Lago, minutos antes de sostener un encuentro con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
Según Trump, la acción tuvo como objetivo un muelle utilizado para la carga de lanchas con drogas. “Hubo una gran explosión en la zona del muelle donde cargan las lanchas… atacamos las embarcaciones y luego la zona de operaciones. Ese punto ya no existe”, afirmó el mandatario, sin precisar la ubicación exacta del sitio ni el momento específico de la intervención.
El presidente evitó detallar qué agencia estadounidense ejecutó el ataque. Ante la consulta directa sobre una eventual participación de la CIA, se limitó a responder que conoce quién estuvo a cargo, pero que no revelaría esa información. Lo único que confirmó fue que la acción se desarrolló “a lo largo de la costa venezolana”.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente presión de Washington sobre Caracas. Trump reconoció además que sostuvo recientemente una llamada telefónica con Nicolás Maduro, aunque aseguró que el intercambio no dejó resultados concretos. En su discurso, reiteró fuertes acusaciones contra el gobierno venezolano, al que responsabiliza de permitir el tráfico de miles de millones de dólares en drogas y de facilitar la salida de personas provenientes de cárceles e instituciones psiquiátricas hacia territorio estadounidense.
Este nuevo episodio se suma a una serie de medidas anunciadas en las últimas semanas. El mes anterior, la administración Trump designó al gobierno de Maduro como una organización terrorista extranjera y ordenó un “bloqueo total” a los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela. La estrategia incluye una presencia naval reforzada en el Caribe y Sudamérica, con operativos de seguimiento a embarcaciones vinculadas al comercio petrolero venezolano.
Desde el entorno más cercano al mandatario, el mensaje ha sido todavía más directo. Su jefa de gabinete, Susie Willis, señaló en una entrevista con la revista Vanity Fair que el objetivo de fondo de estas acciones es provocar un cambio de régimen en Venezuela. A esto se suman las declaraciones de la semana pasada, cuando Trump sugirió públicamente que Maduro debería dejar el poder “si es inteligente”, en medio de la persecución de un tercer buque petrolero en aguas del Caribe.
Al ser consultado por periodistas sobre la meta final de la ofensiva estadounidense, Trump respondió con un tono desafiante, destacando la magnitud del poder militar de su país. “Tenemos una armada masiva, la más grande que hemos tenido jamás y la más grande que hemos tenido en Sudamérica. Él puede hacer lo que quiera… pero si decide jugar rudo, sería la última vez”, advirtió.
Las palabras del presidente estadounidense abren un nuevo capítulo en la ya tensa relación entre Washington y Caracas, con implicaciones directas para la seguridad regional, el tráfico marítimo en el Caribe y el equilibrio político en América Latina, un escenario que Costa Rica y el resto de Centroamérica observan con atención por su impacto geopolítico y en rutas del narcotráfico.


