martes, 28 julio 2026
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Solo tomamos agua’: el estremecedor drama diario de miles de palestinos en Gaza

Gaza bajo asedio: cuando el hambre es tan mortal como la guerra

Mientras el mundo observa con creciente preocupación la crisis en Gaza, una realidad aún más cruda se despliega en silencio: el hambre está matando a quienes sobrevivieron a las bombas. Lo que comenzó como una respuesta militar de Israel al ataque de Hamás en octubre de 2023 ha evolucionado en un escenario catastrófico donde las muertes ya no solo provienen de explosiones, sino de estómagos vacíos y cuerpos debilitados por la desnutrición.

“Nos mata el hambre, no los misiles”: el clamor de una población quebrada

Desde el Hospital Al-Shifa, en lo que queda de su unidad de emergencias, el doctor Moataz Harar lanza una advertencia escalofriante: “la mayoría de los ingresos ya no son por heridas de guerra, sino por hambre extrema”. Profesionales de la salud, agotados y mal alimentados, también se desploman en sus puestos de trabajo.

Ghada Al-Fayoumi, madre de siete, resume la rutina diaria: “solo bebemos agua desde la mañana. No hay comida, simplemente no existe”. Historias como la suya se multiplican por miles en Gaza, donde los alimentos no llegan, y cuando llegan, alcanzarlos puede costar la vida.

Niños desnutridos y madres incapaces de amamantar

La situación más crítica la enfrentan los bebés. Seela, de solo 11 meses, pesa apenas 4 kilos. Nació sana, pero hoy no puede ni sentarse. Su madre, Najah Barbakh, no logra producir leche por su propia desnutrición, y la fórmula infantil es prácticamente inexistente.

“Seela ha perdido todo. Solo le queda piel y huesos”, explica el doctor Hmad Al-Farra del Hospital Nasser, quien denuncia que muchos infantes mueren simplemente porque sus madres no tienen cómo alimentarlos.

En julio, según autoridades sanitarias en Gaza, han muerto al menos 40 personas por causas relacionadas con el hambre, incluidos 16 niños. Desde que comenzó la guerra, 81 menores han perdido la vida por desnutrición, aunque las cifras no han podido ser verificadas por organismos internacionales de forma independiente debido a las condiciones en el terreno.

La ayuda que no llega… o llega como trampa mortal

A pesar de los anuncios del gobierno israelí sobre “pausas tácticas” y corredores humanitarios, la realidad no ha cambiado sustancialmente para los gazatíes. Muchos de los puntos de distribución de ayuda alimentaria se han convertido en trampas. En lugar de alivio, ofrecen muerte o humillación.

Según Naciones Unidas, más de mil personas han muerto desde mayo mientras trataban de recoger ayuda. Algunas fallecieron por asfixia en estampidas, otras por disparos, gases lacrimógenos o bombardeos cerca de los centros de distribución. “Nos dijeron que viniéramos por ayuda, pero nos dispararon gas pimienta”, cuenta con indignación Umm Yasser.

El cerco al hambre: ¿quién tiene la culpa?

Israel niega su responsabilidad y asegura que no impide el ingreso de alimentos, culpando a Hamás por saquear camiones y obstaculizar la distribución. Sin embargo, ONG internacionales y agencias de la ONU afirman que las restricciones impuestas por Israel han sido un factor determinante para el colapso humanitario.

El director de la OMS, Tedros Adhanom, fue tajante: “esto es una hambruna provocada por el hombre”. El Programa Mundial de Alimentos añade que más de 100.000 mujeres y niños presentan desnutrición aguda y urgente necesidad de atención médica.

“No queremos lujos, solo pan”

En medio de la devastación, madres como Umm Raed se aferran al instinto más básico: proteger a sus hijos. “No me meto un pedazo de pan en la boca, se lo doy a mis hijos”, dice con los ojos enrojecidos por el hambre y el dolor. Otros, como Mohammed Garbou’, suplican: “no queremos más sangre, solo comida para vivir un día más”.

La ayuda que cae desde el aire o que intenta ingresar por pasos fronterizos es insuficiente, tardía y, muchas veces, inalcanzable para la mayoría. Los hospitales —antes 37— se redujeron a cinco operativos, sin recursos, sin medicamentos y sin espacio para los heridos o los que agonizan por hambre.

Gaza: entre la vida suspendida y la muerte lenta

Antonio Guterres, secretario general de la ONU, no dudó en llamar a lo que ocurre en Gaza “una tragedia sin paralelo en tiempos recientes”. Más allá de los discursos diplomáticos, las imágenes y testimonios que emergen de la Franja hablan de una sociedad que, literalmente, se apaga ante los ojos del mundo.

Gaza vive una crisis sin precedentes, no solo por los estragos de la guerra, sino por el abandono humano que acompaña al conflicto. Entre el miedo a la próxima bomba y la certeza del estómago vacío, los gazatíes enfrentan una disyuntiva imposible: morir por una explosión o morir por hambre mientras esperan ayuda que nunca llega.

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