Una familia, cuatro generaciones y menos de 60 dólares al mes: así se vive la crisis que golpea a Cuba
Mientras los apagones se prolongan durante gran parte del día y los alimentos escasean cada vez más, miles de familias cubanas intentan sobrevivir en medio de una de las crisis económicas y humanitarias más complejas que ha enfrentado la isla en las últimas décadas. La historia de una familia de Santiago de Cuba retrata cómo la falta de electricidad, el aumento del costo de la vida y la escasez de productos básicos han cambiado por completo la rutina de millones de personas.
Adrián Silva Guerra, un electricista de 32 años, depende completamente de los breves momentos en que regresa el servicio eléctrico para poder trabajar. Cuando la corriente vuelve durante la madrugada, aprovecha cada minuto para reparar televisores y otros aparatos electrónicos utilizando piezas recicladas de equipos dañados. Sin embargo, los cortes son tan frecuentes que muchas veces no logra terminar un solo trabajo antes de que la oscuridad vuelva a apoderarse de su taller.
«Soy esclavo de la corriente», resume el joven, quien asegura que las pocas horas con electricidad determinan si su familia podrá obtener algún ingreso ese día.
Una familia sostiene a cuatro generaciones con ingresos mínimos
Los ingresos familiares apenas superan el equivalente a 60 dólares mensuales. Con ese dinero deben mantenerse Adrián, su esposa, sus dos hijos pequeños, sus padres y su abuela, quien permanece postrada en cama tras sufrir una fractura de cadera.
Ante la falta de oportunidades, cada integrante busca alguna forma de generar recursos. Su madre, Zucel Guerra Brise, aprovecha cuando una panadería privada logra producir pan gracias a un breve suministro eléctrico. Compra decenas de panecillos y luego recorre las calles para revenderlos, obteniendo apenas unos centavos de ganancia por cada uno.
Su padre, Luis Silva Aldana, trabaja como maestro de escuela primaria, pero el salario resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas del hogar.
Los apagones afectan mucho más que la comodidad
En Cuba, la electricidad dejó de ser únicamente un servicio público para convertirse en un factor que define la alimentación, el trabajo y hasta la posibilidad de estudiar.
Con apenas unas cuatro horas diarias de electricidad en muchas zonas, pequeños negocios, talleres y hogares ven limitada prácticamente toda su actividad.
Para Adrián, cada interrupción significa perder clientes y dejar de percibir dinero. Incluso cuando logra iniciar una reparación, los cortes obligan a suspender el trabajo antes de terminarlo.
La situación también afecta las tareas domésticas. Cuando vuelve la electricidad, las familias aprovechan simultáneamente para cocinar, lavar ropa, cargar teléfonos celulares y almacenar agua, conscientes de que el servicio podría desaparecer nuevamente en cualquier momento.
La alimentación también cambió por completo
La escasez de alimentos se ha convertido en otro de los principales problemas.
Durante años, las bodegas estatales abastecieron productos básicos subsidiados como arroz, frijoles, huevos o pollo. Sin embargo, el deterioro financiero del Estado y las dificultades para importar mercancías han provocado que esos suministros lleguen de forma irregular o, en algunos meses, simplemente no aparezcan.
En el caso de la familia Silva Guerra, hay periodos en que únicamente reciben un pequeño pan por persona cada tres días.
Ante esa realidad, el desayuno también cambió. Preparaciones tradicionales como el chorote, elaborado con harina de maíz, leche y azúcar, quedaron atrás. Ahora la primera comida del día suele consistir en pequeños trozos de pan acompañados por una bebida preparada con agua y un polvo saborizado.
En muchas ocasiones, vecinos y amigos también llegan a compartir ese alimento, ya que no cuentan con otra alternativa para iniciar la jornada.
Mientras tanto, los precios continúan aumentando. Datos oficiales reflejan que los alimentos comercializados en mercados han registrado incrementos cercanos al 20 % durante este año, reduciendo aún más el poder adquisitivo de las familias.
Una comunidad que intenta resistir unida
En barrios tradicionales de Santiago de Cuba, la solidaridad se ha convertido en una herramienta indispensable para enfrentar la crisis.
Quienes logran conseguir algo de comida suelen compartir parte de sus provisiones con vecinos que atraviesan situaciones más difíciles, especialmente hogares con niños pequeños o adultos mayores.
Es común intercambiar pequeñas cantidades de arroz, azúcar o pollo, además de prestar herramientas, ayudar con reparaciones o cuidar a familiares enfermos.
Especialistas consideran que estas redes de apoyo comunitario han permitido aliviar parcialmente el impacto de la escasez, manteniendo un sistema informal de ayuda mutua que resulta fundamental para muchas familias.
Factores que profundizan la crisis cubana
La situación actual responde a una combinación de factores internos y externos.
Durante los últimos años, Cuba ha enfrentado una profunda caída de su capacidad económica, dificultades para importar alimentos y combustibles, un sistema productivo debilitado y frecuentes problemas en su infraestructura eléctrica.
A ello se suman las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, endurecidas nuevamente durante la administración del presidente Donald Trump, así como las limitaciones para acceder a combustibles y financiamiento internacional.
La falta de petróleo ha reducido considerablemente la generación eléctrica, afectando tanto el funcionamiento de industrias como la distribución de alimentos y el transporte público.
La incertidumbre forma parte de la rutina diaria
La falta constante de electricidad ha cambiado completamente la vida cotidiana de muchas familias.
Los niños suspenden clases cuando no hay alimentos suficientes para enviarlos a la escuela. Los trabajadores esperan durante horas el regreso de la corriente para intentar producir algún ingreso. Los electrodomésticos permanecen desconectados la mayor parte del tiempo y cocinar muchas veces obliga a improvisar.
En una de esas jornadas, la familia incluso desmontó una cama de madera para utilizar sus tablas como leña y preparar arroz sobre una improvisada cocina en el patio de la vivienda, una escena que refleja hasta qué punto la escasez ha obligado a modificar hábitos que parecían impensables años atrás.
Mientras la electricidad continúa llegando de forma intermitente y los alimentos siguen siendo insuficientes, miles de hogares cubanos enfrentan cada día el desafío de conseguir lo necesario para alimentarse y sostener a sus familias en medio de una crisis que sigue afectando todos los aspectos de la vida cotidiana.


