“Ayúdenme, no me dejen morir, mis hijas me necesitan…”. Con esa súplica por radio, el capitán Francisco Merchán Granados, piloto de la Policía Nacional de Colombia, trató de aferrarse a la vida después de que el helicóptero que comandaba fuera derribado en Antioquia.
Aunque sobrevivió al ataque y alcanzó a comunicarse con sus compañeros, la ayuda tardó demasiado en llegar. Cuando finalmente lo encontraron, yacía sin vida, aferrado a una fotografía de su familia. En su pecho reposaba también el celular con el que solía mirar a cada rato las imágenes de sus hijas, Luciana, de 9 años, y Gabriela, de apenas seis meses.
El sueño de volar al servicio de su país
Nacido en Mongua, Boyacá, Merchán había soñado desde niño con ser policía y piloto. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre disciplinado, apasionado por la aviación y profundamente entregado a su familia. Su carrera lo llevó a participar en múltiples misiones, siempre convencido de que su trabajo tenía un propósito mayor: proteger la vida de otros.
Un vacío imposible de llenar
Su partida deja a dos niñas que crecerán sin el abrazo ni la guía de su padre, y a una esposa que lo acompañó en cada paso de su vocación. El drama ha conmovido a Colombia, pues en sus últimas palabras el capitán resumió lo que más lo movía: regresar a casa para estar con ellas.
Merchán Granados murió como vivió: cumpliendo su deber. Pero también recordando, hasta el último instante, las tres razones que lo impulsaban a seguir adelante: su esposa y sus dos hijas.


