Ámsterdam, ícono mundial del turismo liberal, enfrenta un giro drástico en su identidad. En los últimos diez años, al menos 150 vitrinas donde se ejerce la prostitución legal fueron cerradas, un fenómeno que se extiende por otras ciudades de los Países Bajos. Lo que antes era parte del paisaje tradicional de la capital neerlandesa, hoy se ve amenazado por decisiones políticas, presión vecinal, intereses urbanísticos y el avance imparable del turismo de masas.
La emblemática zona del Barrio Rojo, famosa por sus vitrinas iluminadas con luces rojas donde mujeres —principalmente del este europeo— ofrecen servicios sexuales, está atravesando una transformación sin precedentes. Lo que durante décadas fue símbolo de tolerancia, seguridad y legalidad para el trabajo sexual, ahora vive una fuerte resistencia por parte de las propias trabajadoras.
¿Qué está pasando en el Barrio Rojo?
El modelo de prostitución regulada en vitrinas, una práctica legal en Países Bajos desde hace décadas, ha ido retrocediendo. Según datos recientes, de las 1.500 vitrinas que existían en 2010, solo unas 1.000 continúan funcionando en todo el país. Ciudades como Utrecht han clausurado todos sus espacios por sospechas de trata de personas y vínculos con el crimen organizado. En lugares como Alkmaar y Groningen, la mitad ya no existe.
La capital neerlandesa no es la excepción. El cierre de vitrinas ha sido constante, mientras el gobierno intenta impulsar una medida aún más polémica: trasladar parte de la industria del sexo a las afueras de Ámsterdam, en un proyecto llamado “Ciudad Erótica”.
La Ciudad Erótica: ¿una solución o una amenaza?
La propuesta, impulsada por la alcaldesa Femke Halsema, busca combatir la trata de personas, el narcotráfico y el creciente “turismo de borrachera” que satura el centro de Ámsterdam. La iniciativa plantea trasladar 100 vitrinas a un complejo cerrado fuera del casco urbano. Sin embargo, el proyecto ha sido postergado hasta 2026 tras recibir un rechazo firme del sindicato de trabajadoras sexuales Red Light United.
Según el gremio, que representa a más de 100 trabajadoras del Barrio Rojo, la pérdida de visibilidad en una zona periférica puede aumentar los riesgos de violencia, explotación y crimen. En un comunicado oficial, advirtieron:
“Un centro cerrado alejado del centro es menos seguro para nosotras. La visibilidad que hoy tenemos desde las ventanas es clave para nuestra protección”.
Prostitutas vs. turistas: ¿quién se queda con el Barrio Rojo?
El debate no es solo legal, sino profundamente cultural y económico. El Barrio Rojo, además de ser uno de los centros históricos más antiguos de Europa, concentra museos, canales, arquitectura medieval y una vida nocturna que va desde el cannabis hasta el turismo sexual. Pero el auge de turistas —principalmente grupos jóvenes en busca de fiesta— ha generado una tensión creciente entre residentes, autoridades y trabajadoras sexuales.
Las vitrinas están siendo reemplazadas por tiendas de souvenirs, franquicias de comida rápida y bares para turistas. El periodista neerlandés Jelle Baars, especializado en temas urbanos, advierte que la identidad del barrio está desapareciendo:
“Cada vez hay más tiendas para turistas y menos vitrinas. El barrio está dejando de ser lo que fue y eso también lo vuelve más peligroso”.
¿Qué hay detrás del cierre de vitrinas?
Aunque el discurso oficial se enfoca en “limpiar” el barrio y combatir la trata, varias fuentes señalan que los intereses inmobiliarios y urbanísticos también están empujando esta transformación. El terreno en el centro de Ámsterdam es altamente codiciado y el turismo de masas genera mayores ingresos que el modelo de trabajo sexual legalizado.
Además, el estigma social persiste. A pesar de ser un país progresista en derechos sexuales, la presión moral y los intereses comerciales están influyendo en las decisiones sobre el uso del suelo en zonas históricas.
¿Y las trabajadoras sexuales?
La mayoría de quienes hoy ejercen en las vitrinas son mujeres originarias de Europa del Este. Según Red Light United, el 60% son rumanas. El sindicato fue fundado en 2019 para defender sus derechos laborales y su seguridad. Denuncian que la eliminación de las vitrinas, sin medidas de protección reales, puede empujar a muchas mujeres al trabajo clandestino.
En palabras del gremio:
“No trasladen los problemas, resuélvanlos aquí. Aumenten la seguridad en el Barrio Rojo, refuercen la presencia policial y enfrenten a los narcotraficantes que operan en el barrio”.
Lo que se juega en Ámsterdam es más que un barrio
Este debate va más allá de un simple traslado. Es un choque entre identidad cultural, derechos laborales y economía del turismo. La capital neerlandesa está redefiniendo su imagen internacional, pero muchas se preguntan a qué costo y a quién dejará atrás este cambio.
El desenlace está aún por verse. Por ahora, la resistencia de las trabajadoras sexuales y la presión social han logrado frenar temporalmente el proyecto. Pero el futuro del Barrio Rojo, uno de los lugares más icónicos y controvertidos del mundo, sigue pendiendo de un hilo.


