«Calentando motores»: En solo 72 horas, los deportistas acabaron con las existencias preventivas, obligando a un reabastecimiento de emergencia en pleno invierno europeo.
Dicen que el frío une a la gente, y en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, los atletas se tomaron el dicho muy a pecho. Un hecho insólito, que ha sacado más de una risa y levantado cejas en la prensa internacional, marcó la primera semana de competencias: el suministro oficial de 10.000 preservativos gratuitos se agotó en un tiempo récord de apenas 72 horas.
Lo que la organización italiana planeó como un programa estándar de salud y prevención para todo el evento, se convirtió en una emergencia logística ante la «intensidad» de la convivencia entre los deportistas de élite.
Cálculo Fallido: La demanda superó la oferta
El Comité Organizador subestimó la energía de los atletas. Disponer de solo 10.000 unidades para un evento que reúne a miles de personas jóvenes, en excelente forma física y encerradas en una villa durante dos semanas, resultó ser una medida ingenua. El stock, que debía durar hasta la ceremonia de clausura el próximo 22 de febrero, desapareció en los primeros tres días.
¿El frío es afrodisíaco? Analistas del comportamiento en villas olímpicas sugieren que, a diferencia de los Juegos de Verano donde el calor a veces agobia, el clima gélido de los Alpes italianos invita a los atletas a pasar más tiempo en interiores, lo que fomenta la socialización (y algo más) en las habitaciones calefactadas.
La Abismal Diferencia con París 2024
Para entender el error de cálculo, basta con ver los números de los pasados Juegos de Verano.
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París 2024: Se repartieron cerca de 300.000 preservativos (30 veces más que en Italia).
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El Dato: Aunque los Juegos de Verano tienen más atletas (unos 10.500 frente a los 3.000 de Invierno), la proporción per cápita en Italia fue drásticamente menor.
En París, la media fue de casi 30 preservativos por atleta. En Milano-Cortina, la organización apenas calculó unos 3 o 4 por cabeza, una cifra que los deportistas demostraron ser insuficiente en cuestión de horas.
Una tradición que nació con el SIDA
Repartir protección no es morbo, es salud pública. Esta práctica se institucionalizó en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. En aquel entonces, el mundo enfrentaba el pico de la crisis del VIH/SIDA, y el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió que la mejor forma de proteger a sus estrellas era mediante la educación y el acceso a barreras de protección. Desde entonces, cada sede intenta superar a la anterior en cantidad, aunque Italia parece haberse «agarrado tarde» en esta edición.
Solución de Emergencia
Ante el «desabastecimiento», la organización confirmó que ya solicitó un nuevo lote de insumos para reponer los dispensadores de la Villa. Aunque no dieron fecha exacta de llegada, el mensaje es claro: la seguridad sexual es prioridad, incluso si los atletas están rompiendo récords de resistencia fuera de las pistas de esquí y patinaje.


