Una nube de controversia se cierne sobre el Club Sport Cartaginés tras darse a conocer que varios de sus jugadores —y otros futbolistas de primera división— habrían sido víctimas de una presunta estafa encabezada por su excompañero, el defensor José Gabriel Vargas, hoy sin equipo.
De acuerdo con información revelada por el periodista Maynor Solano, al menos ocho futbolistas confiaron sus ahorros en un supuesto proyecto de inversión que Vargas promovía dentro del camerino brumoso, el cual prometía rendimientos mensuales del 5% y permitía retirar el dinero “en cualquier momento”.
Uno de los jugadores afectados, cuya identidad se mantiene en reserva, relató que inicialmente decidió invertir ₡2 millones como prueba. Tras retirar el dinero sin complicaciones y recibir los intereses prometidos, su confianza creció:
“Empecé a ver que era rentable, que todo se movía bien. Hasta firmamos contratos, se hablaba de abogados y parecía un negocio serio”, contó al periodista.
Sin embargo, esa apariencia de seguridad se desmoronó cuando otros compañeros —entre ellos un jugador con alto poder adquisitivo— decidieron invertir sumas mayores, llegando incluso a los $200.000 (unos ₡100 millones).
A partir de ahí, los pagos comenzaron a retrasarse y las promesas dejaron de cumplirse. Según las declaraciones, el dinero desapareció junto con la confianza en quien había sido uno de los suyos dentro del vestuario.
“Confiamos porque era alguien que veíamos todos los días, un compañero. Nadie sospechaba que terminaríamos perdiéndolo todo”, añadió el afectado.
Hasta el momento, José Gabriel Vargas no ha brindado declaraciones públicas sobre las acusaciones, y se desconoce si los futbolistas afectados han presentado denuncias formales ante las autoridades judiciales.
Este episodio ha generado un profundo malestar entre los jugadores y la afición brumosa, que ven con preocupación cómo la supuesta red de engaños podría haberse gestado dentro de su propio club.
Más allá del impacto económico, el caso expone la vulnerabilidad financiera de muchos deportistas costarricenses, quienes, sin asesoría adecuada, terminan siendo presa fácil de esquemas dudosos que prometen rentabilidad rápida y sin riesgos.
Mientras la historia continúa desarrollándose, el nombre de José Gabriel Vargas deja de resonar en la cancha para ocupar los titulares por razones muy distintas: una presunta estafa millonaria que amenaza con manchar la imagen de uno de los equipos más tradicionales del fútbol nacional.


