sábado, 13 junio 2026
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Nicaragua: ‘’Entierros exprés’’ ponen en duda cifras de muertos por COVID-19

 

Roger Ordóñez fue hospitalizado por problemas respiratorios la semana pasada.

Cuando su hijo Enrique fue a visitarlo a la mañana siguiente, el jubilado de 69 años ya estaba siendo enterrado por empleados del Ministerio de Salud, vestidos de pies a cabeza con trajes de protección blancos, en un cementerio en las afueras de Chinandega, una ciudad de 133.000 habitantes al noroeste de Nicaragua.

El hospital aconsejó a la familia Ordóñez que se pusiese en cuarentena durante dos semanas, pero negó que el padre tuviera coronavirus aunque no les mostraron los resultados de las pruebas.

El gobierno del presidente Daniel Ortega se resistió a imponer medidas para el control del COVID-19, la enfermedad causada por el virus, durante más de dos meses desde la aparición del primer caso en Nicaragua. Ahora, los médicos y familiares de las supuestas víctimas dicen que el gobierno ha pasado de negar la presencia del virus en el país a tratar de ocultar activamente su propagación.

‘’Le rogué al doctor que me dijera qué le pasó’’, relató Enrique Ordóñez a The Associated Press.

‘’Necesitaba saber si estaba infectado. Tengo una niña de 18 meses, mi madre tiene una variedad de dolencias y necesitamos saber si mi padre murió o no por COVID’’.

El gobierno aseguraba que en el país de 6,5 millones de habitantes sólo había cinco muertos y 16 contagiados desde que se confirmó el primer caso en marzo. Los negocios y las oficinas gubernamentales permanecen abiertas y el ejecutivo ha promovido activamente eventos deportivos y otros actos multitudinarios.

Tras una semana sin informar sobre el coronavirus, el Ministerio de Salud rompió el silencio el martes y elevó a ocho la cifra de muertos y a 25 los casos confirmados de la enfermedad, sin asegurar esta vez que no exista transmisión comunitaria.

En su más reciente reporte, la ONG Observatorio Ciudadano, formada por médicos y activistas, aseguró haber identificado 1.033 casos sospechosos de COVID-19 en el país hasta el sábado.

El médico nicaragüense Álvaro Ramírez, quien fue jefe de Epidemiología durante la revolución sandinista y actualmente vive en Irlanda, dijo que la cifra de contagios es ya muy superior y que los próximos días ‘’serán decisivos’’ para Nicaragua. Calcula que en dos semanas podría haber unos 18.000 contagios, de los cuales 890 serían graves.

Durante la última semana, policías de civil y partidarios del gobierno han detenido a periodistas en las inmediaciones de un hospital en la capital, Managua, y en un cementerio en Chinandega, donde la pandemia se está volviendo difícil de ocultar.

La presencia de hombres enfundados en trajes blancos a bordo de camionetas con ataúdes sellados, se ha convertido en lugar común para los residentes. Y parece que todos conocen a alguien que ha enfermado.

‘’Hay mucho nerviosismo aquí’’, afirmó Pablo Antonio Alvarado, un estudiante universitario que dijo que un par de conocidos estaban infectados en la ciudad. ‘’Dicen que somos el epicentro de la pandemia, como Wuhan en China’’.

También el martes, el doctor Ciro Ugarte, director de emergencias en salud de la Organización Panamericana de la Salud, expresó en una videoconferencia preocupación respecto al reporte de casos en Nicaragua. Destacó que informes no oficiales indican un número ‘’alto’’ de pacientes que han sido hospitalizados con sintomatología de infección respiratoria aguda.

‘’Nicaragua es el único país o territorio en las Américas donde el tipo de transmisión es indeterminado, de acuerdo a nuestros reportes’’, indicó. ‘’Como ustedes recuerdan, hace más de un mes, la OPS expresó su preocupación respecto a las pruebas, respecto al seguimiento de contactos, al reporte de los casos y esas preocupaciones siguen en pie’’.

Ugarte también dijo que ‘’el llamamiento a eventos masivos sigue manifestándose en el país”. La OPS, indicó, está esperando que la información oficial en Nicaragua ‘’tenga un nivel de detalle’’ que permita a la organización hacer un análisis adecuado de la situación.

Una doctora de Chinandega, que pidió hablar desde el anonimato por temor a represalias, señaló que conocía a cuatro personas que fallecieron. Una de ellas era uno de sus pacientes y fue enterrado dos horas después de morir, agregó.

‘’A todos los que creen que han muerto por neumonía atípica los entierran de inmediato’’, expresó.

La mayoría de los diagnósticos se emiten en base a los síntomas y a radiografías de pulmón de los pacientes porque las pruebas para el virus están estrictamente controladas por el Ministerio de Salud y son difíciles de obtener.

Una red informal de médicos de Chinandega ‘’contó 25 supuestas muertes por COVID-19 hasta el domingo pasado’’dijo la doctora. “Si logramos sobrevivir a esto, es porque Dios es grande. No hay otra explicación’’.

Enrique Ordóñez, quien es ejecutivo de ventas, sabía que su padre sufría de dolencias crónicas como hipertensión y problemas respiratorios, pero observó que la semana pasada de repente le costaba respirar. Lo llevó al hospital el jueves y esa misma noche murió.

‘’El hospital lo organizó todo, ellos pusieron la caja y el terreno’’ dijo recordando que cuando acudió a preguntar por su padre el viernes en la mañana se enteró de que ya lo estaban enterrando. ‘’Traté de identificar la tumba lo mejor que pude, porque antes, al amanecer, habían enterrado a otros y junto a él había siete u ocho tumbas más’’.

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