lunes, 27 julio 2026
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Así recluta Rusia a miles de extranjeros para la guerra en Ucrania: promesas de dinero, engaños y falsas ofertas de empleo

De Cuba a Kenia: cómo Rusia atrae a extranjeros para combatir en Ucrania

Miles de ciudadanos de distintos países han terminado combatiendo junto al ejército ruso en la guerra contra Ucrania, atraídos por altos salarios, promesas de ciudadanía o falsas ofertas laborales. Una investigación internacional sostiene que muchas de estas personas fueron engañadas o reclutadas aprovechando su situación de vulnerabilidad.

Según datos de la inteligencia ucraniana, cerca de 27.000 extranjeros se han incorporado a las fuerzas rusas desde el inicio del conflicto. Un estudio elaborado por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), Truth Hounds y la Oficina Internacional de Derechos Humanos de Kazajistán concluye que Rusia ha desarrollado una red de captación que opera en diversos países.

«Este reclutamiento se dirige a personas vulnerables de todo el mundo. Los métodos empleados para atraerlas van desde el soborno hasta el engaño y la coacción», explicó Ilya Nusov, uno de los autores del informe.

Salarios que resultan irresistibles

Para muchas personas que viven en condiciones de pobreza, la posibilidad de ganar un sueldo muy superior al que reciben en sus países representa una oportunidad difícil de rechazar.

Uno de esos casos es el de Yoan Mendoza, un joven cubano que aceptó viajar a Rusia tras recibir la promesa de un salario mensual de unos 1.750 euros y la posibilidad de obtener la ciudadanía rusa.

Su hermano, Michael Mendoza, relató que Yoan había intentado emigrar a Estados Unidos sin éxito antes de aceptar la propuesta rusa.

En 2023 incluso apareció en un reportaje de Reuters afirmando que sabía que viajaría a un país en guerra y que prefería asumir ese riesgo antes que continuar viviendo en la precariedad económica de Cuba.

Tiempo después, según su familia, fue enviado al frente de combate, intentó escapar y posteriormente dejó de comunicarse. Su nombre apareció más tarde en listas de combatientes extranjeros fallecidos publicadas por Ucrania.

Promesas de empleo que terminan en el frente

No todos los reclutados sabían que terminarían combatiendo.

Arman Mondol, originario de Bangladesh, contó que creyó haber conseguido un trabajo como empleado de almacén en Rusia. Su familia incluso vendió propiedades y contrajo deudas para pagar a un intermediario.

Al llegar al país, asegura que fue obligado a firmar un contrato escrito en ruso y posteriormente enviado al frente en Ucrania.

Según su testimonio, los combatientes extranjeros eran utilizados en las posiciones de mayor riesgo.

«Nos enviaban primero mientras ellos permanecían detrás. Nos usaban como escudos humanos», afirmó.

Mondol sobrevivió después de que el vehículo en el que viajaba explotara tras pasar sobre una mina. Permaneció hospitalizado y posteriormente logró escapar con ayuda de la embajada de Bangladesh.

Aunque regresó a su país, asegura que todavía vive con secuelas físicas y psicológicas de la guerra.

Familias que nunca recuperaron a sus seres queridos

Entre quienes nunca regresaron figura Oscar Khagola Mutoka, un exmilitar de Kenia que viajó a Rusia en busca de oportunidades laborales.

Su padre, Charles Mutoka, recordó que intentó convencerlo de no viajar, pero no logró cambiar su decisión.

Después de enviar una fotografía vestido con uniforme militar, Oscar dejó de comunicarse con su familia.

Con el tiempo recibieron la noticia de su muerte, aunque nunca pudieron recuperar su cuerpo.

«Lo peor es que ni siquiera puedo imaginar dónde está. No sé si fue enterrado o abandonado en algún lugar», lamentó su padre.

¿Mercenarios o víctimas?

Aunque frecuentemente se les denomina mercenarios, especialistas sostienen que muchos de estos combatientes no encajan en esa definición jurídica.

El investigador Ilya Nusov explica que numerosos extranjeros adquieren la ciudadanía rusa antes de integrarse formalmente al ejército.

En otros casos, quienes fueron captados mediante engaños o coerción podrían ser considerados víctimas de trata de personas, una práctica prohibida por el derecho internacional.

Rusia, sin embargo, rechaza esas acusaciones.

El ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, aseguró en marzo que todos los extranjeros que participan en la denominada «operación militar especial» lo hacen de forma completamente voluntaria y conforme a la legislación rusa.

Mientras tanto, las denuncias de familiares de combatientes desaparecidos o fallecidos continúan multiplicándose en distintos países, desde Nepal hasta Perú, aumentando la presión internacional sobre Moscú y los mecanismos utilizados para reclutar extranjeros.

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