sábado, 25 julio 2026
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Costarricenses pasan 27 días al año atrapados en presas, revela análisis de la UNA

El congestionamiento ya no golpea únicamente a la GAM: Liberia, Ciudad Quesada, Pérez Zeledón y Guápiles también enfrentan tiempos de traslado cada vez mayores.

Las presas se están llevando casi un mes completo de la vida de los costarricenses cada año.

Un análisis divulgado por la Universidad Nacional (UNA) señala que, en promedio, una persona en Costa Rica pasa alrededor de 27 días al año dentro de un vehículo mientras se desplaza, reflejo de una crisis de movilidad que dejó de concentrarse únicamente en la Gran Área Metropolitana.

Ciudades como Liberia, Ciudad Quesada, San Isidro de Pérez Zeledón y Guápiles también registran cada vez mayores problemas de congestionamiento.

400 millones de horas laborales perdidas

El problema también tiene un fuerte impacto económico.

La publicación de la UNA cita estimaciones según las cuales Costa Rica pierde aproximadamente 400 millones de horas laborales cada año debido a las presas.

Ese costo equivaldría a alrededor del 4% del Producto Interno Bruto (PIB).

Karen Chacón Araya, investigadora del Programa Estado de la Nación, señaló que para algunas personas el costo individual asociado con los problemas de movilidad puede representar entre $4.000 y $5.000 anuales.

Cada vez hay más carros

El congestionamiento coincide con una fuerte expansión del parque vehicular privado.

Según los datos recopilados por la UNA, en Costa Rica circulan alrededor de 1,3 millones de vehículos particulares, unos 80.000 más que un año atrás.

Durante la última década, la flotilla privada aumentó aproximadamente un 60%.

Para Guillermo Calderón Ramírez, geógrafo y coordinador del Programa para la Gestión y Ordenamiento del Territorio de la Escuela de Ciencias Geográficas de la UNA, el fenómeno refleja una movilidad cada vez más dependiente del automóvil.

El especialista sostiene que muchas personas recurren al vehículo particular debido a que consideran que el transporte público no ofrece suficiente rapidez, comodidad o eficiencia.

Más carros terminan generando más presas

La situación genera una especie de círculo vicioso.

Las personas adquieren un automóvil buscando reducir sus tiempos de traslado y obtener mayor autonomía, pero el incremento de vehículos sobre una red vial limitada termina aumentando nuevamente la congestión.

Calderón considera que buena parte de los ciudadanos estaría dispuesta a trasladarse mediante transporte público si el servicio fuera suficientemente rápido, eficiente y cómodo.

Transporte público ha perdido pasajeros y operadores

El deterioro del transporte colectivo también aparece entre los factores detrás del problema.

Entre octubre de 2018 y mayo de 2025, la cantidad de operadores de autobús disminuyó 24,2%, mientras el número de pasajeros transportados cayó 42,2%.

Además, cerca de 100 rutas fueron abandonadas o devueltas por sus operadores, principalmente en comunidades rurales.

Este debilitamiento del servicio puede aumentar todavía más la dependencia del vehículo particular.

El problema ya salió de San José

Uno de los cambios más importantes es la expansión del congestionamiento hacia ciudades intermedias.

Radio Monumental señala que Liberia, Ciudad Quesada, San Isidro de Pérez Zeledón y Guápiles presentan cada vez más episodios de saturación vial.

Esto rompe con la percepción de que pasar horas en una presa es únicamente un problema de quienes se desplazan diariamente por San José y otros cantones de la GAM.

Construir carreteras no sería suficiente

Los especialistas advierten que ampliar vías y construir pasos a desnivel puede aliviar puntos específicos, pero no solucionará por sí solo el problema mientras continúe aumentando la dependencia del automóvil.

La alternativa planteada pasa por desarrollar un sistema de transporte público integrado, rápido y confiable, mejorar el ordenamiento territorial y aumentar la inversión en infraestructura y movilidad.

El desafío es particularmente grande porque, según el análisis divulgado por la UNA, Costa Rica ha invertido en los últimos años alrededor de un 1,3% del PIB en transporte e infraestructura, muy por debajo de la meta cercana al 4% contemplada en la planificación nacional.

Mientras no cambie esa tendencia, las presas seguirán teniendo un costo que va mucho más allá del combustible: cientos de horas perdidas, menor productividad y menos tiempo disponible para las familias.

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