Los horarios laborales nocturnos vuelven a estar bajo análisis científico. Una investigación reciente encontró que las mujeres que trabajan durante la noche podrían enfrentar un mayor riesgo de desarrollar depresión y pensamientos suicidas, un hallazgo que abre nuevas preguntas sobre cómo las jornadas laborales alteran el bienestar físico y emocional.
El estudio, publicado en la revista científica Workplace Health & Safety, evaluó a más de 9.000 personas durante un periodo de 17 años para estudiar posibles efectos en la salud mental asociados con el trabajo en horarios nocturnos y determinar si existían diferencias entre hombres y mujeres.
Los resultados mostraron un patrón que llamó la atención de los investigadores: las mujeres que mantenían este tipo de jornadas durante largos periodos presentaban una asociación más elevada con síntomas depresivos y pensamientos suicidas. En los hombres, esa relación específica no apareció con la misma intensidad.
Sin embargo, la investigación también identificó que algunos síntomas relacionados con estados depresivos sí se observaron en ambos grupos. Sensaciones persistentes de tristeza, desánimo o infelicidad mostraron una relación significativa con los turnos nocturnos.
Especialistas señalan que uno de los factores que podría explicar este fenómeno está relacionado con la alteración de los ritmos circadianos, conocidos también como el «reloj biológico» del cuerpo humano.
Este sistema interno regula funciones esenciales como los ciclos de sueño y vigilia, la producción hormonal, la temperatura corporal y distintos procesos vinculados al equilibrio físico y mental. Cuando una persona trabaja durante horarios que contradicen esos ciclos naturales, el organismo puede experimentar cambios importantes.
Investigaciones previas ya habían relacionado las alteraciones del ritmo circadiano con diversos efectos en la salud, incluyendo problemas cardiovasculares, riesgos metabólicos, trastornos reproductivos y algunos padecimientos oncológicos.
Uno de los autores del estudio, Rodrigo Yáñez, académico de la Escuela de Ciencias del Deporte de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, explicó que el propósito de la investigación no es generar preocupación innecesaria, sino entregar evidencia que ayude a fortalecer medidas preventivas en los ambientes laborales.
El especialista indicó que las jornadas nocturnas alteran procesos biológicos fundamentales como el descanso y la regulación natural del cuerpo, situación que podría aumentar la vulnerabilidad frente a problemas de salud mental, especialmente en mujeres.
Como parte de las recomendaciones derivadas de la investigación, los expertos plantean incorporar programas de apoyo psicológico, promover mejores estrategias para la recuperación del sueño y revisar la manera en que se organizan los turnos de trabajo.
Sectores como salud, seguridad, transporte, manufactura y servicios operan de forma permanente durante las 24 horas, por lo que miles de trabajadores mantienen jornadas nocturnas todos los días. Debido a esto, comprender mejor los posibles efectos de estos horarios podría convertirse en un elemento clave para fortalecer el bienestar y la salud integral de quienes trabajan mientras el resto de la población duerme.


