El papa Pope Leo XIV volvió a captar la atención internacional luego de protagonizar una escena poco habitual dentro del Vaticano: sentarse al volante de un Ferrari totalmente eléctrico durante una visita oficial en Castel Gandolfo.
El encuentro ocurrió en los jardines de la histórica residencia papal ubicada cerca de Roma, donde el Pontífice recibió a altos ejecutivos de Ferrari, incluyendo al presidente de la compañía, John Elkann, y al director ejecutivo Benedetto Vigna.
La reunión giró alrededor de innovación tecnológica, sostenibilidad y movilidad eléctrica, temas que han ganado cada vez más relevancia tanto en la industria automotriz como dentro de las iniciativas ambientales impulsadas por la Iglesia católica.

Las imágenes del Papa observando de cerca el vehículo e incluso ocupando el asiento del conductor rápidamente comenzaron a circular en medios internacionales y redes sociales, generando sorpresa entre millones de personas.
El automóvil presentado corresponde al primer Ferrari completamente eléctrico desarrollado por la exclusiva firma italiana, una apuesta que marca un cambio histórico para una marca reconocida durante décadas por sus potentes motores de combustión y su vínculo con el lujo extremo y la velocidad.
Aunque el Vaticano tradicionalmente mantiene distancia frente a símbolos asociados al exceso y la ostentación, el acercamiento al nuevo modelo eléctrico fue interpretado por muchos como una señal de apertura hacia tecnologías sostenibles y energías limpias.
En los últimos años, el Vaticano ha impulsado distintos proyectos enfocados en reducción de emisiones, eficiencia energética y transición ecológica, alineados con los mensajes ambientales promovidos por la Iglesia sobre el cuidado del planeta.
El encuentro entre León XIV y Ferrari ocurre además en un momento clave para la industria automotriz mundial, donde fabricantes históricos aceleran sus procesos de electrificación ante la presión ambiental y las nuevas tendencias de movilidad.
La escena del Pontífice sentado dentro de un Ferrari eléctrico terminó convirtiéndose en una poderosa imagen simbólica que mezcla tradición religiosa, innovación tecnológica y el debate global sobre el futuro sostenible de la movilidad.


