Las siestas largas y frecuentes podrían convertirse en una señal de alerta médica en adultos mayores
Dormir durante el día es una práctica común en millones de personas mayores, especialmente después del almuerzo o durante las tardes. Sin embargo, una reciente investigación desarrollada por especialistas de la Universidad de Harvard encendió las alertas sobre ciertos patrones de sueño diurno que podrían estar relacionados con un mayor riesgo de mortalidad.
El estudio, publicado en la revista científica JAMA Network Open, analizó a más de 1.300 adultos mayores de 56 años durante un periodo de seguimiento que se extendió hasta por 19 años. Los investigadores concluyeron que las siestas demasiado largas, frecuentes y realizadas durante la mañana podrían estar asociadas con problemas de salud subyacentes aún no detectados.
A diferencia de investigaciones anteriores, esta vez los científicos no se basaron únicamente en cuestionarios o recuerdos de los participantes. Utilizaron dispositivos de muñeca similares a relojes inteligentes que monitoreaban de manera continua los patrones de sueño y actividad física de cada persona.
Los resultados mostraron que por cada hora adicional de sueño durante el día, el riesgo de fallecimiento aumentaba en aproximadamente un 13 %. Además, quienes tomaban varias siestas diarias también presentaban un incremento en el riesgo general de mortalidad.
Otro dato que llamó la atención de los expertos fue el horario en que ocurrían las siestas. Las personas que dormían principalmente durante la mañana tenían un riesgo mayor en comparación con quienes descansaban después del mediodía. Según los investigadores, esto podría reflejar alteraciones del ritmo biológico, fatiga excesiva o enfermedades que todavía no han sido diagnosticadas.
Los especialistas aclararon que dormir siesta no es necesariamente perjudicial. De hecho, en muchas culturas la siesta corta es considerada saludable. El problema aparece cuando el sueño diurno se vuelve muy prolongado, frecuente o irregular, ya que podría ser una manifestación temprana de trastornos cardiovasculares, deterioro cognitivo, problemas metabólicos o alteraciones neurológicas.
La investigación también abre la puerta al uso de relojes inteligentes y dispositivos portátiles como herramientas médicas preventivas. Los científicos consideran que monitorear los hábitos de sueño podría ayudar a detectar señales tempranas de deterioro físico antes de que aparezcan síntomas más graves.
Aunque el estudio no demuestra que las siestas provoquen directamente la muerte, sí refuerza la idea de que ciertos cambios en los patrones de sueño pueden funcionar como indicadores importantes del estado general de salud en adultos mayores.
Expertos recomiendan que, si una persona comienza a sentir una necesidad excesiva de dormir durante el día o aumenta considerablemente la duración de sus siestas sin una causa clara, consulte con un profesional médico para descartar posibles enfermedades.


