El reciente brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius volvió a poner la mirada internacional sobre Epuyén, una pequeña comunidad de la Patagonia argentina que años atrás enfrentó uno de los episodios sanitarios más graves relacionados con este virus en Sudamérica.
Entre finales de 2018 e inicios de 2019, este pueblo de apenas 2.400 habitantes quedó marcado por una tragedia que dejó 34 contagios y 11 fallecidos en cuestión de semanas, en un escenario que muchos comparan hoy con lo vivido posteriormente durante la pandemia del Covid-19.
Familias enteras quedaron golpeadas por el brote
Una de las historias más duras es la de Mailén Valle, quien perdió a su padre y a dos hermanas durante aquella emergencia sanitaria.
Según recordó, todo comenzó después de una reunión familiar donde varias personas compartieron mesa con uno de los primeros infectados.
Pocos días después, su padre empezó a sentirse mal y más adelante también enfermaron sus hermanas.
La situación se agravó rápidamente y, según relatan vecinos de la zona, el virus comenzó a propagarse entre personas cercanas, algo poco habitual en la mayoría de variantes del hantavirus.
El caso de Epuyén se convirtió en uno de los principales antecedentes de transmisión interpersonal del llamado hantavirus Andes, una cepa presente en zonas de Argentina y Chile.
La cuarentena llegó antes que el Covid-19
El brote obligó a las autoridades sanitarias argentinas a implementar medidas inéditas para la época.
Más de un centenar de personas tuvieron que permanecer aisladas durante 45 días bajo un esquema conocido como “aislamiento selectivo”, utilizado para cortar las cadenas de contagio.
El epidemiólogo Jorge Díaz, quien participó en la atención de la crisis, explicó que antes de ese episodio existía poco conocimiento sobre la transmisión entre humanos.
A raíz de lo ocurrido en Epuyén, los protocolos sanitarios en Argentina cambiaron significativamente y desde entonces las autoridades recomiendan aislamiento inmediato cuando se detectan casos de hantavirus Andes.
El miedo y la estigmatización marcaron al pueblo
Además de las pérdidas humanas, los habitantes recuerdan que enfrentaron discriminación y temor por parte de comunidades cercanas.
Muchos vecinos aseguran que personas provenientes de Epuyén eran rechazadas en comercios o evitadas en otros pueblos de la región por miedo al contagio.
Otra familia profundamente golpeada fue la de Víctor Díaz, señalado durante años como el llamado “paciente cero”, una etiqueta que sus familiares consideran injusta y dolorosa.
Su hija Isabel también enfermó, al igual que su madre, quien terminó falleciendo durante el brote.
La Patagonia sigue conviviendo con el virus
En la región patagónica el hantavirus forma parte de una amenaza conocida desde hace décadas debido a la presencia del ratón colilargo, principal transmisor del virus mediante orina, saliva o heces contaminadas.
Por eso, los habitantes acostumbran ventilar bodegas, limpiar con desinfectantes y tomar precauciones constantes en zonas rurales o boscosas.
Sin embargo, el brote de Epuyén cambió por completo la percepción del peligro porque el temor dejó de centrarse únicamente en los roedores y comenzó a extenderse también al contacto cercano entre personas.
Ahora, con los nuevos contagios vinculados al crucero MV Hondius y los casos detectados en distintos países, la memoria de aquella tragedia vuelve a reabrirse entre quienes sobrevivieron a uno de los episodios más duros vividos en la Patagonia argentina.


