La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ya no solo preocupa por su impacto militar o geopolítico. Ahora, organismos internacionales advierten consecuencias directas sobre la economía global y, sobre todo, sobre las poblaciones más vulnerables.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lanzó una advertencia contundente: el conflicto podría empujar a más de 30 millones de personas a condiciones de pobreza en los próximos meses, afectando a cerca de 160 países.
El golpe silencioso: energía y alimentos más caros
Uno de los factores más críticos es el cierre del estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde normalmente circula cerca del 20% del petróleo y gas natural del mundo. Esta interrupción ha provocado un aumento sostenido en los precios de la energía, lo que termina encareciendo prácticamente toda la cadena productiva.
En términos sencillos, cuando sube el combustible:
- transportar alimentos cuesta más
- producir fertilizantes se vuelve más caro
- y al final, la comida también sube de precio
Para países en desarrollo, incluyendo varias economías de África, Asia e incluso regiones de América Latina, esto representa un golpe directo al bolsillo de la población.
Medidas de emergencia en distintos países
Ante el aumento de precios, varios gobiernos han empezado a tomar decisiones para contener la crisis. Entre ellas destacan:
- racionamiento de combustibles
- reducción de jornadas laborales para bajar el consumo energético
- eliminación o reducción de impuestos a los combustibles
Sin embargo, estas acciones son paliativas y no resuelven el problema de fondo: la inestabilidad en los mercados internacionales.
Impacto desigual: los más vulnerables pagan el precio
El informe advierte que países con menor capacidad económica serán los más golpeados. Regiones como África subsahariana o naciones asiáticas como Bangladés y Camboya enfrentan un escenario particularmente complicado, debido a su alta dependencia de importaciones energéticas y agrícolas.
Además, hay un efecto colateral importante: la posible caída en las remesas. Muchas personas que trabajan en países del Golfo podrían ver afectados sus ingresos, lo que impactaría directamente a familias que dependen de ese dinero en sus países de origen.
Un retroceso en el desarrollo global
Desde el PNUD describen la situación como un retroceso acelerado en el desarrollo mundial. Lo que tomó décadas en construirse —economías estables, reducción de pobreza y acceso a servicios básicos— podría deteriorarse en cuestión de semanas si la crisis se prolonga.
Para mitigar el impacto, el organismo plantea la necesidad de al menos 6.000 millones de dólares en subsidios dirigidos a las poblaciones más vulnerables. Este tema ya se discute en entidades como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Un contexto más complejo: menos ayuda internacional
El panorama se complica aún más por la reducción en la ayuda al desarrollo a nivel global, que cayó más de un 20% el último año. Esto limita la capacidad de respuesta ante crisis como la actual.
Mientras tanto, el conflicto sigue generando incertidumbre en los mercados, presionando los precios y ampliando la brecha entre economías fuertes y países en desarrollo, en un escenario que ya empieza a sentirse en la vida cotidiana de millones de personas alrededor del mundo.


