Llenar el tanque del carro se ha convertido en un auténtico lujo en Costa Rica, y la justificación histórica siempre apunta hacia el mismo culpable: los conflictos internacionales. Sin embargo, un reciente análisis del mercado de hidrocarburos a nivel centroamericano acaba de dejar sin piso ese argumento, demostrando que mientras a nivel regional algunos países logran amortiguar el golpe, en Tiquicia los consumidores reciben el impacto de lleno.
La crisis tiene nombre y apellido: El Estrecho de Ormuz. Esta vital ruta marítima en el Medio Oriente, por donde transita diariamente entre el 20% y el 25% de todo el petróleo que consume el planeta, se encuentra bajo una tensión máxima debido a la inestabilidad geopolítica de la zona. Como era de esperarse, este nerviosismo internacional ha empujado los costos energéticos hacia arriba, pero el efecto dominó ha golpeado de manera radicalmente desigual a las naciones centroamericanas.
Análisis Económico: El «milagro» salvadoreño vs. el modelo tico
Desde la perspectiva macroeconómica, el contraste es abismal. Mientras el mundo tiembla, El Salvador logró estabilizar sus precios, registrando los combustibles más baratos de toda la región. A nivel nacional, los salvadoreños pagan por un galón de combustible un rango envidiable que va desde los $3.97 hasta los $4.30.
En la otra cara de la moneda estamos nosotros. La radiografía oficial coloca a Costa Rica y a Honduras en la cima de la carestía regional. En nuestro país, el costo promedio se dispara, rozando la escandalosa cifra de $6.00 por galón, independientemente del tipo de gasolina.
¿Por qué pagamos casi dos dólares más por galón que los salvadoreños si importamos el mismo petróleo refinado del mercado internacional? El análisis nos obliga a mirar hacia adentro. A diferencia de otros países, en Costa Rica el precio final que el usuario paga en el surtidor está fuertemente inflado por el Impuesto Único a los Combustibles (que representa cerca de un tercio del valor total) y por los amplios márgenes de operación y estructuración de la Refinadora Costarricense de Petróleo (RECOPE), factores internos que nos dejan sin margen de maniobra cuando el barril internacional sube.
La radiografía regional: Así está el vecindario
Para entender la magnitud de la desventaja competitiva que sufre el sector productivo y el ciudadano costarricense, basta con revisar la pizarra de precios de nuestros vecinos:
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Costa Rica y Honduras: Los líderes del gasto, rondando los $6.00 por galón.
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Nicaragua: Pese a sus propias crisis internas, mantienen un tope de $5.51.
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Guatemala: Se posiciona en la mitad de la tabla con precios a partir de los $4.91.
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Panamá: Gracias a sus políticas y posición logística, oscilan entre los $4.50 y $4.77.
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El Salvador: El campeón indiscutible del ahorro con un máximo de $4.30.
El panorama a corto plazo no es alentador. Si los tambores de guerra continúan sonando en el Estrecho de Ormuz, la factura petrolera de Costa Rica seguirá engordando. La gran pregunta que queda sobre la mesa legislativa y del Poder Ejecutivo es si el país seguirá exprimiendo el bolsillo de la clase trabajadora mediante altos impuestos a la gasolina, o si se buscará una reforma estructural que nos permita competir, al menos, con los precios que hoy disfrutan en San Salvador.


