El panorama político en Caracas sigue siendo un verdadero polvorín. Han pasado poco más de tres meses desde aquel histórico 3 de enero, cuando un operativo de las fuerzas estadounidenses sacudió al mundo con la captura de Nicolás Maduro, dejando a Venezuela en un complejo limbo de poder. Hoy, la máxima figura de la oposición y flamante Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, decidió subirle el tono al debate internacional y lanzó un ultimátum directo: el país necesita convocar a elecciones presidenciales lo antes posible.
Las declaraciones de Machado, emitidas este martes durante una entrevista con la agencia AFP desde Francia, caen como un balde de agua fría sobre la cúpula oficialista sobreviviente, especialmente un día después de que el poderoso Diosdado Cabello intentara restarle importancia a este clamor popular.
Análisis Electoral: La ley de los 30 días y el «parto» de 9 meses
Desde la óptica constitucional, el libreto venezolano es estricto pero complejo de aplicar en la práctica. Machado fue tajante al recordar que la Carta Magna establece un plazo máximo de 30 días para convocar a las urnas ante la «falta absoluta» del presidente. «Y nadie puede dudar que hay una falta absoluta del señor Nicolás Maduro», ironizó la opositora.
Sin embargo, el análisis de su propuesta revela un pragmatismo profundo. Machado sabe que hacer elecciones al «batazo», con el sistema actual, sería un suicidio democrático. Por ello, aclaró que «convocar» no significa «celebrar» los comicios mañana mismo. Su hoja de ruta proyecta un lapso de nueve meses de gestación institucional, condicionado a dos limpiezas urgentes:
-
Un árbitro imparcial: Es innegociable la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) integrado por figuras sin ninguna atadura al chavismo.
-
Un padrón real: Actualmente, un escandaloso 40% de los venezolanos con derecho a voto (incluyendo a la inmensa diáspora que huyó del país, muchos de ellos radicados aquí en Tiquicia) están fuera del registro.
El oro negro: La chequera de Trump y el salvavidas de Delcy
Mientras Machado teje alianzas en Europa —reuniéndose incluso con el mandatario francés, Emmanuel Macron—, en el Palacio de Miraflores la presidenta interina, Delcy Rodríguez, intenta gobernar con la pesada sombra de Donald Trump respirándole en la nuca. El presidente estadounidense no ha ocultado sus intenciones de «tutelar» la transición y, sobre todo, reactivar a su favor la venta del codiciado petróleo venezolano.
Acorralada, Rodríguez ha apostado por reformas legislativas exprés para abrirle la llave a la inversión extranjera, celebrando recientemente la firma de jugosos acuerdos con el gigante norteamericano Chevron. La meta gubernamental es titánica: pasar del raquítico millón de barriles diarios a los 5 o 6 millones que el país producía en su época dorada.
No obstante, la advertencia de Machado para los mercados internacionales fue clara y directa: para que los dólares fluyan de verdad y el país recupere su estatus de potencia petrolera, los inversionistas necesitan un marco jurídico blindado. Esa confianza legal, aseguró, jamás la podrá garantizar un interinato debilitado; solo nacerá de un proceso electoral que arroje autoridades con legitimidad absoluta.
La calle calienta motores
La presión no solo viene desde París o Washington; en las calles de Caracas el ambiente está tenso. Para este mismo jueves, los principales gremios sindicales del país han convocado a fuertes protestas para respaldar el llamado a las urnas.
Por su parte, Machado, quien salió de Venezuela en diciembre rumbo a Oslo y no ha vuelto a pisar suelo patrio, mantiene su fecha de retorno bajo un estricto hermetismo. Asegura que volverá «pronto», pero advierte que primero debe cumplir sus metas en el extranjero: alinear a la diáspora, convencer a potenciales inversionistas y amarrar el apoyo de los líderes políticos mundiales para la inminente resurrección de la democracia venezolana.


