En medio de la creciente inseguridad que golpea a varias comunidades de Cartago, las autoridades han puesto el foco en una figura que, según las investigaciones, habría consolidado poder en el mundo del narcotráfico local: Julio Alberto Gómez Pérez, conocido como “Gordo Julio”.
Su captura, realizada el pasado 25 de marzo, marca un punto clave dentro de los esfuerzos policiales por frenar la ola de violencia que mantiene en alerta a la llamada Vieja Metrópoli.

Un historial que enciende las alertas
De acuerdo con datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el perfil del sospechoso no es reciente ni aislado. Las autoridades lo describen como un individuo con antecedentes por delitos graves, entre ellos homicidio y tráfico de drogas, lo que refuerza la hipótesis de su papel dentro de estructuras criminales activas.
El director interino del OIJ, Michael Soto, lo catalogó como una persona con una conducta agresiva que generaba temor dentro de las comunidades donde operaba, un elemento clave para sostener control territorial en este tipo de organizaciones.

Cómo escaló dentro del narco local
Las investigaciones apuntan a que Gómez Pérez no inició como líder, sino como un actor independiente dentro del narcomenudeo. Con el tiempo, habría dado un salto estratégico al integrarse a la agrupación conocida como “Los Gery”.
Este movimiento, según los investigadores, tenía un objetivo claro: disputar el dominio de puntos de venta de droga frente a otra organización rival identificada como “Los Maruja”, lo que habría intensificado los enfrentamientos en la zona.
Ese proceso de alianzas y expansión lo habría llevado a convertirse en cabecilla de una estructura considerada altamente violenta por las autoridades.
Operativos y capturas: golpe a la estructura familiar
El operativo que permitió su detención no solo alcanzó al presunto líder. También fueron capturados su hermano, de 23 años, y su madre, conocida con el alias de “Teletubbie”.
Las autoridades manejan la tesis de que esta red tenía un componente familiar, una modalidad que en los últimos años ha tomado fuerza en estructuras criminales, ya que facilita la confianza interna y la logística operativa.
Actualmente, los tres sospechosos permanecen a la espera de que se definan las medidas cautelares en su contra.
Lujo, distancia y control operativo
Uno de los elementos que más llama la atención del caso es el estilo de vida que llevaba el sospechoso mientras, presuntamente, dirigía operaciones criminales.
Según el OIJ, Gómez Pérez residía en una vivienda alquilada en Orotina, equipada con comodidades como piscina, desde donde coordinaba acciones relacionadas con puntos de venta de droga en Cartago, específicamente en sectores como el proyecto Manuel de Jesús Jiménez.
Este tipo de dinámica —operar a distancia— responde a una estrategia utilizada por cabecillas para reducir riesgos directos, manteniendo el control mediante intermediarios.
Un caso que refleja una problemática mayor
El caso del “Gordo Julio” se inserta dentro de un contexto más amplio de disputas territoriales por el control del narcotráfico en Costa Rica, especialmente en zonas urbanas donde los llamados “búnkers” se convierten en puntos estratégicos.
Las autoridades continúan con las investigaciones para determinar el alcance total de la organización y su posible vínculo con otros hechos violentos registrados en Cartago en los últimos meses.


