A poco más de un año del inicio de la Copa del Mundo 2026, la seguridad en México se convirtió en tema de debate internacional. El gobierno alemán solicitó a la FIFA que exija garantías claras al país norteamericano para proteger a aficionados y delegaciones durante el torneo.
México será coanfitrión del Mundial junto a Estados Unidos y Canadá, pero la reciente ola de violencia tras el operativo en el que fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, encendió las alarmas en varios gobiernos europeos.
Berlín pide certezas
El coordinador de Turismo del Ejecutivo alemán, Christoph Ploss, instó públicamente a la FIFA a trabajar de manera estrecha con los tres países sede para asegurar que los aficionados no corran riesgos. Según declaraciones recogidas por el diario Handelsblatt, la protección de los turistas alemanes es una prioridad.
El pronunciamiento se da luego de que, tras la muerte del líder del Cartel Jalisco Nueva Generacion, se registraran disturbios, bloqueos carreteros y quema de vehículos en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas. Las imágenes circularon a nivel global y alimentaron la preocupación internacional.
Sedes bajo la lupa
México albergará 13 partidos del Mundial, distribuidos entre Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Esta última, capital de Jalisco, ya figura como sede de cuatro encuentros de fase de grupos, incluido el duelo entre España y Uruguay.
El contexto genera especial sensibilidad porque el torneo es uno de los eventos deportivos más grandes del planeta, con millones de visitantes y una exposición mediática sin precedentes.
La respuesta de la FIFA
Desde Barranquilla, el presidente del organismo rector del fútbol mundial, Gianni Infantino, restó dramatismo a la situación y aseguró sentirse tranquilo con México como anfitrión.
“Va a ser todo espectacular”, afirmó, enviando un mensaje de confianza en la capacidad organizativa y en los planes de seguridad del país.
Seguridad y reputación internacional
Más allá del cruce diplomático, el episodio evidencia cómo la seguridad interna puede tener impacto directo en la imagen internacional de un país, especialmente cuando se aproxima un evento global.
Para México, el reto no solo es operativo —garantizar protección en estadios, aeropuertos y zonas turísticas— sino también reputacional: demostrar que la situación está bajo control y que los hechos recientes no comprometen la organización del Mundial.
Con el reloj avanzando hacia junio de 2026, la presión aumenta. Alemania ya puso el tema sobre la mesa. Ahora la expectativa se centra en cómo la FIFA y los países anfitriones responderán a esas inquietudes en los próximos meses


