miércoles, 8 julio 2026
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Tenía cáncer, pero le dijeron que era ansiedad: la adolescente murió tras meses sin diagnóstico correcto

La muerte de Isla Sneddon, una joven escocesa de 17 años, ha generado una fuerte discusión en el Reino Unido sobre cómo se evalúan los síntomas de cáncer en niños y adolescentes. Su historia, marcada por consultas médicas reiteradas y señales que no fueron interpretadas a tiempo, hoy impulsa un movimiento para modificar los protocolos de atención sanitaria.

Todo comenzó en 2022, cuando Isla tenía 15 años. Empezó a sentir un dolor constante en el pecho y detectó un bulto que la inquietó. Junto a sus padres acudió a revisión médica en Airdrie, Escocia. Según relatan Mark y Michelle Sneddon, en ese momento los malestares se consideraron propios de la adolescencia y se asociaron a factores hormonales o emocionales.

Con el pasar de los meses, las molestias no solo continuaron, sino que se volvieron parte de su vida cotidiana. La familia volvió a consultar en varias ocasiones, pero la explicación se repetía: ansiedad. Para sus padres, esa interpretación terminó retrasando exámenes más profundos que pudieron haber arrojado respuestas antes.

No fue sino hasta 2024 cuando un médico general mostró preocupación ante la posibilidad de un cáncer de mama y tramitó una referencia urgente a especialistas. El giro llegó tarde. Los estudios confirmaron que la enfermedad ya se había propagado a órganos vitales y al sistema linfático.

El impacto para la familia fue devastador. Tras conocer el diagnóstico, los médicos les informaron que se trataba de un cáncer en fase avanzada, sin opciones curativas. Las proyecciones de vida eran limitadas. Isla falleció aproximadamente seis meses después.

A partir de esa pérdida, sus padres decidieron transformar el duelo en una campaña para generar cambios. Hoy promueven lo que denominan la “Ley de Isla”, una iniciativa que busca que los menores con sospechas de cáncer tengan acceso a pruebas y derivaciones con la misma rapidez que los adultos.

La propuesta apunta a reducir los tiempos de espera y a evitar que la edad del paciente influya en la urgencia con la que se investigan síntomas potencialmente graves. Para los Sneddon, no se trata solo de su hija, sino de prevenir que otras familias enfrenten situaciones similares.

La petición pública ya suma decenas de miles de apoyos y ha llamado la atención de autoridades sanitarias escocesas. La familia espera presentar formalmente su caso ante el secretario de Salud de Escocia, con la intención de que se revisen las guías médicas actuales.

El caso también ha puesto sobre la mesa un debate más amplio: aunque el cáncer en adolescentes es menos frecuente que en adultos, sí existe, y sus síntomas pueden confundirse con condiciones comunes de la edad. Especialistas suelen insistir en que la persistencia de dolores, bultos o cambios físicos inusuales merece seguimiento.

Para los padres de Isla, el mensaje es claro: escuchar a los pacientes jóvenes y no minimizar señales de alerta. Su esperanza es que la historia de su hija sirva para que los sistemas de salud afinen sus protocolos y actúen con mayor rapidez cuando haya dudas razonables.

Más allá de las reformas que logren o no concretarse, el nombre de Isla ya se ha convertido en símbolo de una causa que busca diagnósticos más oportunos y, en el mejor de los casos, más oportunidades de vida para otros jóvenes.

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