El debate presidencial organizado por Noticias Repretel y Noticias Monumental dejó varias confrontaciones, pero hubo un episodio que marcó un antes y un después en la noche. No fue un cruce de gritos ni una discusión ideológica extensa, sino una pregunta cuidadosamente planteada que expuso tensiones internas de campaña y descolocó a una de las candidatas con mayor visibilidad en la contienda.
El encuentro reunió a ocho aspirantes a la Presidencia: Ariel Robles, Laura Fernández, Natalia Díaz, Fabricio Alvarado, Claudia Dobles, Álvaro Ramos, Juan Carlos Hidalgo y Eliécer Feinzaig. El formato, basado en duelos cara a cara con rotación constante, obligó a respuestas rápidas y dejó poco margen para discursos preparados.
Desde las primeras rondas hubo roces fuertes. Se cuestionaron posturas sobre libertades individuales, decisiones tomadas durante gobiernos anteriores y propuestas en materia de seguridad y economía. Sin embargo, el ambiente cambió cuando Ariel Robles pasó de los cuestionamientos generales a un señalamiento concreto, apoyado en documentación física.
El momento que tensó el escenario
En su turno para preguntar, Robles dirigió la atención hacia un tema especialmente sensible: la normalización de una relación impropia entre una persona menor de edad y un adulto. La consulta, directa y sin rodeos, provocó una reacción inmediata de indignación por parte de Laura Fernández, quien calificó la pregunta como una bajeza y aseguró que sería implacable ante cualquier conducta de ese tipo.
La escena dio un giro cuando Robles mostró un documento y señaló que ese criterio había sido expresado públicamente por José Miguel Villalobos, abogado y candidato a diputado por Alajuela dentro del mismo movimiento político que respalda a Fernández. El planteamiento fue claro: si la posición era realmente de cero tolerancia, debía existir una consecuencia política concreta.
Cambio de discurso y silencio incómodo
Ante el señalamiento, la candidata evitó responder sobre posibles sanciones internas y optó por trasladar el tema al ámbito judicial, indicando que cualquier denuncia debía presentarse por las vías correspondientes. El contraste entre la respuesta inicial y la reacción posterior fue evidente y no pasó desapercibido ni para el público ni para el resto de los aspirantes.
Ese intercambio no solo expuso una contradicción discursiva, sino que también reforzó una percepción que se repitió durante la noche: Fernández tuvo dificultades para sostener respuestas firmes cuando fue presionada con datos específicos o cuestionamientos inesperados.
Un debate cargado de choques personales
La jornada también dejó otros cruces relevantes. Natalia Díaz y Claudia Dobles discutieron sobre el legado del actual gobierno y el papel de quienes formaron parte de él; Fabricio Alvarado defendió propuestas polémicas relacionadas con seguridad y garantías individuales; mientras que Eliécer Feinzaig y Juan Carlos Hidalgo coincidieron en la necesidad de reducir impuestos y cargas sociales.
En otro momento tenso, Laura Fernández confrontó a Natalia Díaz por atribuir responsabilidades al actual mandatario en materia de seguridad, lo que derivó en un intercambio directo y personal que elevó el tono del debate.
Un formato que no perdona errores
El ritmo acelerado del programa, con preguntas sin previo aviso y tiempos estrictos, favoreció a quienes llegaron con información precisa y estrategias claras. En ese contexto, la intervención de Ariel Robles destacó por su preparación y por haber llevado el debate más allá del intercambio retórico, hacia un terreno incómodo para su oponente.
El episodio confirmó que, en esta campaña, no solo pesan las propuestas de gobierno, sino también las alianzas, los antecedentes y la coherencia entre el discurso público y las acciones internas de cada movimiento político.


