miércoles, 27 mayo 2026
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La conoció por Facebook y nunca volvió: las dudas que rodean la desaparición de una joven

Lo que inició como una relación virtual aparentemente inofensiva terminó convirtiéndose en uno de los casos más inquietantes de desaparición registrados en los últimos años. Angie Lorena Londoño, una joven colombiana que conoció a su pareja a través de redes sociales, desapareció sin dejar rastro y, desde entonces, su familia sostiene que fue víctima de un crimen que aún no ha sido esclarecido.

La historia se remonta a 2019, cuando Angie, entonces de 17 años, comenzó a interactuar en Facebook con Marlon Rodríguez Yepes, un hombre mayor que ella, quien se presentaba como alguien estable, exitoso y con una vida acomodada. Según relataron sus familiares, el vínculo se fortaleció rápidamente a través de mensajes constantes y muestras de afecto que generaron confianza en la adolescente.

De la relación virtual a la convivencia

Para la familia, el cambio fue evidente. Angie, descrita como reservada y poco sociable, empezó a pasar largas horas conectada al celular. Su madre y su hermana recuerdan que, en un inicio, la relación no levantó mayores sospechas: el trato del hombre era atento y cercano, y no se reportaban conflictos.

Sin embargo, con el paso de los meses comenzaron a surgir inconsistencias. El estilo de vida que Marlon mostraba en redes sociales no coincidía con la realidad que describía en privado. Hablaba de propiedades, vehículos costosos y estabilidad económica, pero las señales no cuadraban.

A pesar de las dudas, en marzo de 2019 él viajó para conocerla en persona. Poco tiempo después, Angie decidió dejar su hogar y mudarse con él a una zona rural del departamento de Nariño. La partida fue abrupta y sin despedidas formales, un hecho que su familia recuerda como una de las primeras alertas claras.

Una convivencia marcada por carencias y violencia

Ya lejos de casa, Angie empezó a contar una versión muy distinta de su vida. La estabilidad prometida no existía y la pareja subsistía con trabajos ocasionales. Con el embarazo de la joven, en 2019, la situación se agravó: los conflictos aumentaron y, según los relatos familiares, comenzaron episodios de maltrato físico y psicológico.

La familia asegura que Angie describía comportamientos que la asustaban profundamente, desde actitudes violentas hasta prácticas que consideraba perturbadoras dentro del hogar. En visitas esporádicas, su deterioro físico era evidente, según su hermana, quien notó cambios drásticos en su apariencia y salud.

Silencio, mensajes extraños y una desaparición

El punto de quiebre llegó en 2023. Vecinos alertaron a la familia de que Angie no había sido vista durante varios meses. Aunque supuestamente seguía comunicándose por WhatsApp, solo enviaba textos y fotografías, nunca respondía llamadas ni videollamadas. Para su madre, era claro que esos mensajes no provenían de su hija.

Al viajar hasta la vivienda, las autoridades encontraron indicios que profundizaron las sospechas: la ropa de Angie seguía en el lugar y su teléfono estaba dañado. La actitud nerviosa de su pareja al ser consultado y el hecho de que él admitiera responder mensajes en su nombre encendieron aún más las alarmas.

El hijo de la pareja quedó bajo custodia de su abuela materna. Fue entonces cuando surgió el testimonio más estremecedor: el niño, de apenas tres años, afirmó de forma reiterada que su madre estaba muerta. La familia asegura que el menor nunca cambió su versión.

Elementos clave en la investigación

Durante las diligencias, las autoridades hallaron una carta con un contenido perturbador que hablaba de sacrificios y muertes, lo que sumó peso a las sospechas. A pesar de búsquedas con perros y equipos de rescate, el cuerpo de Angie no ha sido localizado.

Para sus familiares, las pruebas son contundentes: los mensajes enviados en su nombre, sus pertenencias intactas en la vivienda y el relato del niño apuntan a una desaparición forzada. Por ello, mantienen activa una denuncia y exigen que el caso no quede en la impunidad.

La versión del señalado

Marlon Rodríguez, quien permanece en libertad, niega cualquier responsabilidad. Afirma que Angie se marchó por voluntad propia y que no sabe nada de su paradero. También rechaza las afirmaciones atribuidas a su hijo y sostiene que nunca le haría daño frente a él.

Mientras tanto, la familia de Angie continúa su lucha, convencida de que la verdad aún está oculta. El caso vuelve a poner sobre la mesa los riesgos de relaciones iniciadas en redes sociales y la urgencia de una respuesta judicial efectiva ante denuncias de desaparición, especialmente cuando hay menores involucrados y señales previas de violencia.

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