avance sostenido de la sífilis volvió a encender las alertas sanitarias durante 2025. Los datos oficiales confirman un aumento significativo de contagios y exponen una realidad preocupante: muchas personas siguen subestimando las vías de transmisión de esta infección de transmisión sexual, especialmente en prácticas que se perciben erróneamente como de bajo riesgo.
Según cifras consolidadas del sistema de vigilancia epidemiológica, durante 2025 se registraron más de 46.600 nuevos casos de sífilis, lo que representa un incremento del 26% respecto al año anterior. Si la comparación se hace con el promedio de los últimos cinco años, el salto es aún más marcado: un 71% más de infecciones. En términos poblacionales, la tasa casi alcanzó los 101 casos por cada 100.000 habitantes, un nivel que no se había observado en décadas.
Especialistas advierten que detrás de este crecimiento confluyen varios factores. Uno de los más relevantes es la baja percepción de riesgo asociada al sexo oral sin protección. Aunque el preservativo suele vincularse principalmente al coito vaginal o anal, la sífilis también se transmite por contacto oral cuando existe una lesión activa, conocida como chancro, que puede aparecer tanto en los genitales como en la boca y pasar desapercibida por no causar dolor.
Desde la práctica clínica, los médicos describen un patrón repetido: pacientes que llegan a consulta sin síntomas claros o sin sospechar que están cursando la enfermedad. “Muchas personas no sienten molestias y no consultan hasta que el cuadro avanza”, explican profesionales de la salud sexual. La falta de dolor y la desaparición espontánea de algunas lesiones contribuyen a que la infección siga circulando sin ser tratada.
La sífilis es una enfermedad bacteriana, causada por el Treponema pallidum, que tiene cura si se detecta a tiempo. El tratamiento con antibióticos es efectivo, pero no genera inmunidad, por lo que una persona puede volver a contagiarse si no adopta medidas de prevención. El uso correcto y sostenido del preservativo masculino o femenino sigue siendo la principal herramienta para evitar la transmisión, tanto en relaciones vaginales y anales como orales.
Los boletines sanitarios también reflejan una tendencia que preocupa a largo plazo: el aumento constante de casos año tras año. Desde 2019, salvo el paréntesis de la pandemia, las cifras no han dejado de crecer. En 2024 el incremento interanual fue del 14%, pero en 2025 el ritmo se aceleró de forma notable, sumando cerca de 10.000 nuevos contagios adicionales.
En el caso de las mujeres embarazadas, los registros indican más de 11.000 diagnósticos de sífilis durante el último año, un 15% por encima del promedio de los cinco años previos. Aunque los casos de sífilis congénita mostraron una leve reducción, los especialistas subrayan que la situación sigue siendo grave y requiere controles prenatales oportunos y tratamientos completos para evitar la transmisión al feto.
Otro desafío señalado por el personal médico es la detección temprana. No todos los centros de salud cuentan con pruebas rápidas, y cuando el diagnóstico depende de análisis que demoran varios días, algunos pacientes no regresan a retirar los resultados ni a iniciar el tratamiento, lo que perpetúa la cadena de contagios.
En consultorio, las explicaciones se repiten: métodos anticonceptivos como implantes, pastillas o la llamada “marcha atrás” no protegen contra las infecciones de transmisión sexual. Tampoco basta con colocarse el preservativo solo al final de la relación. La protección debe utilizarse desde el inicio del contacto sexual, incluyendo el sexo oral.
El aumento de la sífilis no es solo una estadística sanitaria, sino un reflejo de prácticas sexuales sin información suficiente y de la falta de campañas sostenidas de prevención. Para los especialistas, reforzar la educación sexual, facilitar el acceso a preservativos y promover el testeo regular son pasos urgentes para frenar una enfermedad que, aunque tiene cura, sigue avanzando en silencio.


