domingo, 7 junio 2026
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Rosario Murillo estalla de furia tras la huida a Costa Rica de la esposa de Bayardo Arce

La salida de Nicaragua de Amelia Ybarra-Rojas, esposa del histórico dirigente sandinista Bayardo Arce Castaño, provocó una fuerte sacudida dentro de las estructuras de poder del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La mujer logró abandonar el país pese a estar bajo vigilancia constante, un hecho que dejó en evidencia fisuras en el aparato de control estatal y desató tensiones en el círculo más cercano del gobierno.

Ybarra-Rojas había quedado en el foco de las autoridades tras la detención de su esposo, uno de los antiguos pilares del sandinismo que durante décadas ocupó puestos clave en el engranaje político y económico del régimen. Desde su captura, la esposa de Arce vivía bajo estrictas medidas de seguimiento policial, con limitaciones severas a su movilidad y contacto con el exterior.

Según fuentes cercanas al entorno político nicaragüense, la vigilancia era permanente y su residencia se encontraba custodiada como parte de una estrategia de presión indirecta contra el exfuncionario. Sin embargo, el control falló. En un descuido de las fuerzas de seguridad, la mujer logró salir del país y actualmente se encuentra en Costa Rica, donde habría buscado protección ante el temor de represalias.

La fuga generó malestar en los más altos niveles del poder. En Managua, el episodio se interpreta como una humillación interna para la estructura represiva del régimen, particularmente sensible a cualquier señal de debilidad. El hecho de que una persona estrechamente vinculada a la vieja guardia sandinista haya escapado, pese a estar vigilada, encendió alarmas dentro del aparato de seguridad.

Más allá del episodio puntual, el caso refleja un fenómeno que se ha vuelto recurrente en Nicaragua: la ruptura con antiguos aliados. Figuras que durante años formaron parte del núcleo duro del oficialismo hoy enfrentan detenciones, vigilancia, confiscaciones y, en algunos casos, el exilio forzado. La lealtad pasada ya no garantiza protección.

Para analistas políticos, la salida de Ybarra-Rojas confirma que el clima de desconfianza se ha extendido incluso a los sectores históricamente más cercanos al poder. El control ya no se limita a opositores visibles o voces críticas, sino que alcanza a exdirigentes y a sus familias, lo que refuerza la percepción de un régimen cada vez más cerrado y temeroso de fisuras internas.

Costa Rica, una vez más, aparece como destino de refugio para quienes huyen del endurecimiento político en Nicaragua. El país continúa recibiendo a personas que buscan protección ante un contexto marcado por la persecución, el exilio y la ruptura definitiva de antiguos pactos de poder.

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