Una nueva modalidad de estafa vuelve a encender las alarmas entre comerciantes y cajeros de todo el país. En las últimas horas, un ciudadano alertó sobre la circulación de billetes falsificados de ₡10.000 que, a simple vista, resultan sorprendentemente similares a los originales, lo que aumenta el riesgo de que pasen desapercibidos en transacciones cotidianas.
Según la advertencia, los antisociales estarían utilizando billetes de alta denominación para realizar compras de montos bajos. El objetivo es claro: entregar un billete falso y recibir como vuelto dinero auténtico, afectando directamente a pequeños comercios, pulperías, sodas y negocios donde el flujo de clientes no siempre permite revisar el efectivo con detenimiento.
Ante este escenario, resulta clave conocer y aplicar los elementos de seguridad que incorpora el billete genuino de ₡10.000, ya que una revisión rápida pero consciente puede marcar la diferencia.
Uno de los primeros detalles a verificar es el cambio de color. Al inclinar el billete, el mapa del diseño debe variar claramente de tono morado a verde. Este efecto óptico es difícil de imitar con precisión en las falsificaciones.
Otro punto fundamental es el hilo de seguridad. Al girar el billete, las figuras dentro del hilo parecen moverse o “flotar”, un efecto dinámico que no se mantiene en copias fraudulentas. A esto se suma la banda iridiscente, que refleja los colores del arcoíris y muestra una franja con diseño precolombino; al observarla con atención, el anverso y el reverso se alinean perfectamente para formar el número 10.000.
El billete auténtico también cuenta con marcas táctiles pensadas para personas no videntes: columnas de pequeños puntos en relieve, claramente perceptibles al pasar los dedos. Asimismo, al colocar el billete a contraluz, debe apreciarse con nitidez la marca de agua con el rostro de José Figueres Ferrer y la denominación correspondiente.
Finalmente, el relieve es otro indicador clave. Tanto el valor nominal como el retrato del personaje presentan una textura elevada que se distingue fácilmente al tacto, algo que suele perderse o sentirse plano en billetes falsificados.
Especialistas recomiendan a cajeros y encargados de comercios no confiar únicamente en la apariencia general del billete. Tomarse unos segundos para inclinarlo, tocarlo y observarlo a trasluz puede evitar pérdidas económicas y frenar la propagación de este tipo de fraudes que, una vez más, buscan aprovecharse del descuido y la buena fe.


