sábado, 11 julio 2026
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Amores imposibles: lo que revela la psicología cuando alguien se enamora de personas con pareja

Enamorarse de alguien que ya tiene pareja suele verse, desde afuera, como un problema ético o una decisión consciente mal tomada. Sin embargo, desde la psicología, este tipo de vínculos se entiende como algo mucho más complejo: una señal de necesidades emocionales no resueltas, patrones aprendidos y búsquedas internas que no siempre son evidentes para quien las vive.

No es un fenómeno raro ni excepcional. En consulta psicológica aparece con frecuencia y atraviesa a personas de distintas edades, niveles educativos y contextos sociales, también en Costa Rica, donde estos conflictos suelen vivirse en silencio por vergüenza o culpa.

El deseo y la falta: una clave psicológica

Desde una mirada psicoanalítica, el deseo no surge de lo que se posee, sino de lo que falta. Lo inaccesible suele adquirir un valor simbólico mayor, cargado de idealización. En ese sentido, una persona comprometida puede representar no solo a alguien atractivo, sino a la promesa de ser finalmente elegido, reconocido o priorizado.

El problema es que esa promesa rara vez se concreta. Lo que se sostiene es la espera, la ilusión y una relación marcada por la desigualdad emocional.

El llamado “síndrome de Fortunata”

En psicología clínica se utiliza, de manera informal, el término síndrome de Fortunata para describir a quienes desarrollan vínculos de dependencia emocional con personas que no están disponibles afectivamente. El concepto proviene de la literatura, pero sirve para explicar un patrón real: relaciones en las que una de las partes queda relegada, invisibilizada y sostenida por la esperanza de que “algún día todo cambie”.

No se trata de falta de inteligencia ni de ingenuidad, sino de una dinámica emocional profundamente arraigada.

¿Qué hay detrás de este tipo de elecciones afectivas?

Modelos de amor aprendidos en la infancia

Muchas personas repiten, sin notarlo, vínculos similares a los que vivieron con figuras significativas en su niñez. Si el afecto fue distante, intermitente o condicionado, es probable que el amor se asocie inconscientemente con esfuerzo, sacrificio y espera.

Baja autoestima y autoimagen frágil

Cuando alguien no se percibe como merecedor de un amor pleno, puede aceptar relaciones donde no es prioridad. Permanecer “en segundo plano” refuerza una narrativa interna de no ser suficiente, aunque al mismo tiempo sostenga la fantasía de ser deseado.

Sensación ilusoria de control

En algunos casos, la persona cree tener poder por ser el refugio emocional o afectivo del otro. Sin embargo, las decisiones reales —tiempos, límites y prioridades— casi siempre las define quien mantiene la relación oficial.

Competencia emocional no resuelta

Enamorarse de alguien con pareja también puede responder a una lógica inconsciente de competencia: ganar lo que pertenece a otro, demostrar valor o superioridad. Aquí, el foco no está tanto en el amor, sino en lo que representa “ganar”.

El rol de la víctima

Aunque resulte incómodo aceptarlo, algunas personas encuentran una forma de validación en el sufrimiento. El drama, la queja y la intensidad emocional generan una sensación de vínculo que se confunde con amor o pasión.

Atracción por lo prohibido

Desde la neuropsicología, lo prohibido activa sistemas de recompensa en el cerebro. La adrenalina y la dopamina aumentan, intensificando la experiencia emocional, aunque sea inestable y dolorosa.

¿Cómo romper este patrón?

Los especialistas coinciden en que el primer paso no es juzgarse, sino preguntarse con honestidad qué se está buscando en ese vínculo. Qué necesidad se intenta cubrir, qué vacío se sostiene y por qué se acepta una relación incompleta.

Procesos terapéuticos como el psicoanálisis, la terapia cognitivo-conductual u otros enfoques introspectivos permiten identificar patrones repetidos, resignificar experiencias pasadas y construir vínculos más equilibrados.

Lo que realmente se busca no siempre es al otro

Detrás de estos amores imposibles suele esconderse una necesidad profunda de validación, de sentir que se vale lo suficiente como para ser elegido sin condiciones. No es tanto el otro lo que se desea, sino la confirmación de valor personal.

Cuando esa necesidad se reconoce y se trabaja, se abre la posibilidad de elegir relaciones donde no haya que esperar, competir ni conformarse con migajas emocionales. Porque un vínculo sano no se vive a escondidas ni a medias: se construye desde la reciprocidad, la presencia y el respeto mutuo.

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