La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marcó un punto de quiebre en la historia reciente de Venezuela. Sin embargo, lejos de generar una sensación plena de alivio, el hecho abrió un escenario complejo: optimismo mayoritario entre la población, combinado con temor profundo a represalias y al endurecimiento del control político.
Así lo revela una encuesta nacional aplicada pocos días después del operativo internacional, cuyos resultados dibujan a un país expectante, pero cauteloso, consciente de que el chavismo continúa ejerciendo poder real dentro del territorio.
Mayoría respalda la captura, sin importar la edad o la región
De acuerdo con el sondeo, casi ocho de cada diez venezolanos consideran positiva la captura de Maduro, una percepción que se mantiene estable entre distintos grupos etarios, géneros y regiones del país. El respaldo no se limita a Caracas ni a los principales centros urbanos, sino que se extiende a todo el territorio nacional, lo que refleja un sentimiento transversal de agotamiento con el modelo político vigente.
El apoyo es particularmente alto entre mujeres y jóvenes adultos, sectores que han sido duramente golpeados por la crisis económica, la migración forzada y la falta de oportunidades durante la última década.
Optimismo con freno: miedo a un endurecimiento del régimen
Pese a la valoración favorable del hecho, la encuesta deja claro que el optimismo no es absoluto. Más del 60 % de los consultados teme que la salida de Maduro provoque una reacción represiva aún mayor, en lugar de una apertura democrática.
La percepción predominante es que el poder no desapareció, sino que se reconfiguró. Con figuras históricas del chavismo aún al mando de áreas clave —como seguridad interna y defensa—, muchos venezolanos sienten que el régimen sigue operativo, aunque debilitado.
Desde esta óptica, el temor no es infundado: los regímenes autoritarios suelen endurecerse cuando pierden legitimidad o control, recurriendo a la represión como mecanismo de supervivencia.
Elecciones urgentes, pero sin señales claras de apertura
Uno de los datos más reveladores del estudio es el consenso alrededor de la necesidad de elecciones. Dos de cada tres venezolanos consideran muy importante que se convoquen comicios en menos de un año, reflejo de una ciudadanía que percibe un cierre casi total de los canales políticos.
No obstante, la misma encuesta muestra una profunda desconfianza sobre quién controla realmente el país en este momento. Una parte significativa de los consultados considera que el poder está en manos de Estados Unidos, mientras otro grupo cree que el chavismo aún mantiene el control interno. La sensación de una transición liderada por la oposición sigue siendo marginal.
Oposición con respaldo ciudadano, pero sin espacio real
Aunque la población manifiesta respaldo mayoritario a liderazgos opositores tradicionales, existe una fuerte división sobre si este es el momento adecuado para que asuman protagonismo. La mitad de los encuestados apoya un mayor rol opositor, mientras la otra mitad se muestra escéptica, reflejo del desgaste político y la falta de garantías institucionales.
Este escenario refuerza una percepción dominante: la ciudadanía quiere cambio, pero no ve aún una ruta clara para alcanzarlo.
Un país entre la esperanza y la incertidumbre
Los resultados del estudio reflejan a una Venezuela atrapada entre dos emociones opuestas. Por un lado, la caída de Maduro es vista como una oportunidad histórica para recomponer el rumbo del país. Por otro, el miedo a una respuesta autoritaria más severa mantiene a la población en estado de alerta.
Más que celebrar, Venezuela observa, espera y mide cada paso, consciente de que el desenlace de este episodio aún está lejos de definirse.


