En un contexto marcado por una creciente fricción entre Caracas y Washington, el Gobierno de Venezuela confirmó este domingo la salida de un buque petrolero operado por la empresa estadounidense Chevron con destino a Estados Unidos, cargado con crudo venezolano. El anuncio se da mientras EE. UU. intensifica operaciones militares y decomisos de embarcaciones en el mar Caribe.
La información fue divulgada por la vicepresidenta ejecutiva y ministra de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, a través de su canal oficial en Telegram. En un mensaje acompañado de un video, Rodríguez aseguró que el buque Canopus Voyager zarpó “en estricto cumplimiento de las normas nacionales e internacionales”, así como de los compromisos asumidos por la industria petrolera venezolana.
Según la funcionaria, la operación se realizó dentro del marco legal vigente, en referencia a la licencia especial otorgada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que permite a Chevron mantener actividades limitadas en Venezuela en asociación con la estatal PDVSA, pese a las sanciones que pesan sobre el sector energético del país suramericano.
El anuncio contrasta con el clima de tensión que domina la relación bilateral. En los últimos días, autoridades estadounidenses confirmaron la incautación de al menos dos buques petroleros en el Caribe, acusados de transportar crudo venezolano de manera irregular. Washington sostiene que estas embarcaciones formarían parte de una red utilizada para evadir sanciones y financiar al Gobierno de Nicolás Maduro.
Desde Caracas, la reacción ha sido de rechazo absoluto. El Ejecutivo venezolano calificó las incautaciones como actos de “robo” y advirtió que tomará acciones legales y diplomáticas en defensa de sus intereses. El propio Maduro llegó a describir los operativos estadounidenses como “piratería moderna”, denunciando una campaña sostenida de presión política, económica y militar.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene activa una operación para interceptar un tercer buque en aguas del Caribe, cerca de las costas venezolanas, lo que mantiene en vilo a la industria energética regional y eleva la incertidumbre sobre el futuro inmediato del comercio petrolero entre ambos países.
Para analistas internacionales, la salida del buque de Chevron refleja la complejidad del escenario actual: sanciones severas, tensiones geopolíticas y, al mismo tiempo, canales abiertos que evidencian la dependencia mutua en materia energética. Un equilibrio frágil que, por ahora, sigue navegando entre el conflicto y la conveniencia.


