Un obispo con fuerte sensibilidad migratoria asume una de las diócesis más poderosas de EE. UU.
El papa León XIV tomó una decisión que reconfigura el equilibrio de poder dentro de la Iglesia católica en Estados Unidos: designó a Ronald Hicks, de 58 años, como nuevo arzobispo de Nueva York, una de las diócesis más influyentes del país y del mundo.
El nombramiento implica el fin del prolongado liderazgo del cardenal Timothy Dolan, figura emblemática del ala ultraconservadora del episcopado estadounidense, quien permaneció más de 15 años al frente de la arquidiócesis y mantuvo una relación cercana con el expresidente Donald Trump.
Un mensaje político y pastoral desde Roma
Más allá del relevo administrativo, la decisión del Papa envía una señal clara sobre el rumbo que busca imprimir a la Iglesia en Estados Unidos. Hicks, originario de Illinois —al igual que el propio León XIV— fue obispo auxiliar de Chicago, bajo la tutela del cardenal Blase Cupich, uno de los líderes más progresistas del catolicismo estadounidense.
El contraste con Dolan es evidente. El ahora exarzobispo de Nueva York fue un opositor férreo al aborto y al matrimonio igualitario, y se caracterizó por su activismo mediático y político, incluso con intervenciones polémicas en cadenas como Fox News.
La salida de una figura ligada al trumpismo
Dolan no ocultó sus afinidades ideológicas. Durante el último cónclave, Donald Trump llegó a promoverlo como su favorito para suceder al papa Francisco, un gesto que reforzó su imagen como referente del conservadurismo eclesial.
Sus declaraciones públicas también generaron controversia. En una entrevista televisiva llegó a comparar al influencer conservador Charlie Kirk, asesinado en un campus universitario, con un héroe religioso, lo que provocó críticas y malestar dentro del propio mundo católico.
Un perfil con experiencia en América Latina
El nuevo arzobispo de Nueva York presenta un perfil pastoral muy distinto. Ronald Hicks fue misionero en El Salvador, donde trabajó durante varios años en orfanatos y proyectos sociales, una experiencia que lo vincula directamente con realidades de pobreza, exclusión y migración, temas centrales en el actual debate estadounidense.
Este recorrido recuerda al del propio León XIV, quien antes de llegar al Vaticano desarrolló una extensa labor misionera en Perú, reforzando la línea de una Iglesia con mayor sensibilidad social y territorial.
Retos inmediatos: justicia y credibilidad
Entre los desafíos más urgentes que enfrentará Hicks está la administración de un fondo de 300 millones de dólares, creado recientemente para indemnizar a víctimas de abusos sexuales que demandaron a la arquidiócesis de Nueva York.
La gestión de este proceso será clave para restaurar la credibilidad institucional y marcar el tono del nuevo liderazgo, en un contexto de fuerte escrutinio público hacia la Iglesia.
Un giro con impacto más allá de Nueva York
El cambio en la arquidiócesis neoyorquina no es un movimiento aislado. Para analistas eclesiales, se trata de una redefinición estratégica del poder católico en Estados Unidos, donde el Papa parece apostar por liderazgos menos ideologizados y más enfocados en temas sociales, como migración, justicia y reparación a víctimas.
En una Iglesia profundamente dividida, el relevo en Nueva York no solo cierra una etapa, sino que abre un nuevo capítulo con implicaciones religiosas, sociales y políticas de gran alcance.


