En el corazón de San Joaquín de Flores, Heredia, se esconde una historia que va mucho más allá del deporte. Es la historia de un hombre que entendió que las verdaderas oportunidades nacen cuando uno se atreve a crear algo que todavía no existe. Ese hombre es Andrei Onciu, un nombre que para muchos jóvenes tenistas costarricenses ya era sinónimo de disciplina, guía y esperanza mucho antes de que el pádel comenzara a sonar fuerte en nuestro país.
De las canchas internacionales al sueño costarricense
Andrei no llegó a Costa Rica por casualidad. Tras construir una carrera deportiva que lo llevó a competir en torneos alrededor del mundo y alcanzar rankings oficiales en la ATP —entre ellos, un histórico puesto 946 en dobles—, tomó una decisión valiente: dedicar su vida a formar nuevas generaciones de atletas.
Y lo hizo aquí, en tierra tica.

Durante años fue uno de los impulsores más constantes del tenis juvenil, ayudando a cientos de costarricenses a perfeccionar su técnica, competir a nivel internacional y obtener becas universitarias en el extranjero. Su reputación como formador creció al mismo ritmo que su amor por nuestro país.

El descubrimiento del pádel y un nuevo reto
Cuando el pádel empezó a abrirse espacio en Costa Rica, Andrei volvió a sentir esa chispa que solo sienten quienes no le temen a los desafíos. Vio potencial donde otros veían una simple tendencia. Vio futuro donde otros veían un experimento.
Y así nació Las Canchas del Pa, su emprendimiento deportivo en San Joaquín de Flores: un espacio que combina enseñanza profesional, comunidad, diversión y un ambiente familiar que lo diferencia de cualquier otro centro deportivo.
Un espacio donde todos pueden aprender
Niños que agarran por primera vez una pala, adultos que buscan una actividad diferente, jóvenes que desean competir, principiantes tímidos, avanzados con hambre de progreso… todos encuentran su lugar aquí.
Andrei tiene un talento natural para enseñar: paciencia, claridad, energía y la capacidad de leer a cada persona para entender cómo aprende mejor. Quien lo conoce lo describe igual: un tipazo, auténtico, cercano y apasionado por su trabajo.
A su lado está Allan Arguedas, otro profesional comprometido que acompaña cada clase con la misma dedicación y buena vibra.
Un toque argentino que lo hace único
Pocos saben que Andrei vivió 3 años en Argentina, una etapa que marcó su carácter y su pasión por unir a las personas alrededor del deporte… y de la comida.
Por eso, después de algunas clases, sorprende a sus alumnos con asados argentinos, choripanes y carne a la parrilla, una tradición que convierte cada visita en una experiencia completa, no solo deportiva.
Un emprendimiento que crece con alma propia
“Las Canchas del Pa” no es solo un negocio. Es un proyecto de vida.
Es la apuesta de un hombre que, después de triunfar, caer, levantarse y reinventarse, encontró en Costa Rica el lugar perfecto para sembrar un sueño que hoy se expande con fuerza.
Aquí, en este rincón de Heredia, Andrei y su equipo están demostrando que el deporte puede ser mucho más que ejercicio: puede ser familia, disciplina, propósito, bienestar y comunidad.
Y eso —en tiempos donde muchos buscan inspiración— vale oro.


