lunes, 13 julio 2026
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Pensaron que tenían resaca, se fueron a dormir y nunca más despertaron

Un limoncello fatal y una investigación estancada: padres piden justicia por la muerte de su hija y su futuro yerno

Lo que inició como un viaje familiar para celebrar un compromiso terminó convirtiéndose en una tragedia que hoy tiene a dos familias entre la incertidumbre y el dolor. Greta Otteson, una británica de 33 años que vivía en Hội An, Vietnam, junto con su novio sudafricano, Arno Quinton, falleció a finales de diciembre pasado tras ingerir limoncello contaminado con metanol. A casi un año del suceso, sus padres siguen esperando claridad sobre lo ocurrido.

Greta y Arno administraban una pequeña villa turística en la ciudad costera, donde habían construido una vida tranquila desde hacía dos años. En noviembre de 2024 recibieron la visita de los padres de Greta, Paul y Susan Otteson, quienes viajaron desde Inglaterra para conocer, por primera vez, al hombre con quien su hija planeaba casarse. Fue durante esa visita que la pareja celebró el compromiso familiarmente y compartieron varias comidas en un restaurante italiano muy popular entre turistas, donde les ofrecieron limoncello artesanal como cortesía.

Días después, los padres regalaron a la pareja algunas botellas de esa misma bebida casera. Esa noche, Greta escribió a su familia diciendo que sentía una “resaca espantosa” y que se iba a acostar para recuperarse. Ni ella ni Arno volvieron a despertar.

Ambos fueron encontrados sin vida en habitaciones separadas del hotel donde trabajaban. Arno estaba en una habitación que, según el informe policial, se encontraba asegurada por dentro. Los análisis forenses confirmaron que la causa de muerte fue una intoxicación aguda por metanol, un alcohol utilizado en productos de limpieza e industriales, altamente tóxico y que no debería estar presente en bebidas para consumo humano.

Este tipo de envenenamientos no es aislado en el sudeste asiático. Organizaciones médicas internacionales han alertado en repetidas ocasiones sobre la circulación de alcohol adulterado en zonas turísticas, donde la demanda de bebidas “artesanales” o de bajo costo aumenta los riesgos.

La Policía vietnamita detuvo en febrero al bartender señalado de preparar el limoncello en cuestión. Las autoridades señalan que habría utilizado alcohol de grado médico mezclado con agua, azúcar y cáscara de limón para fabricar las botellas. Aunque permanece en prisión preventiva, todavía no enfrenta cargos formales. Bajo la legislación vietnamita, una persona puede pasar hasta un año detenida antes de ser procesada o liberada.

Para Paul y Susan, el estancamiento del caso ha sido devastador. Aseguran que desde que regresaron a Inglaterra viven pendientes del celular, esperando noticias que nunca llegan. Dicen que no pueden despedirse de sus seres queridos mientras no haya claridad sobre las responsabilidades y que las cenizas de Greta y Arno continúan guardadas en su casa porque sienten que enterrarlas sin una resolución sería “cerrar una historia que aún no tiene final”.

A esto se suma su molestia porque el restaurante donde se habría preparado la bebida continúa operando con normalidad y, según la familia, no ha hecho ningún pronunciamiento de disculpa o responsabilidad.

El caso ha reavivado el debate sobre la seguridad alimentaria en negocios turísticos de la región y la facilidad con la que bebidas adulteradas pueden circular sin controles. Para familias como la de Greta y Arno, el efecto es devastador: una cadena de descuidos que terminó arrebatándoles a dos jóvenes que estaban empezando una nueva etapa de vida.

Paul Otteson resume el sentimiento de ambas familias: “No pedimos nada extraordinario. Solo queremos que quienes tuvieron responsabilidad enfrenten la justicia, para poder, por fin, dejar descansar a Greta y Arno con paz”.

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