Lo que Debra MacCuaig, una maestra de Glasgow de 38 años, interpretó como un “bronceado perfecto” terminó siendo el síntoma inicial de una enfermedad grave. En octubre de 2018, comenzó a experimentar una picazón constante y un tono de piel cada vez más oscuro, que atribuyó al uso frecuente de autobronceadores. Sin embargo, detrás de esos cambios estaba desarrollándose un cáncer de páncreas.
Síntomas que pasaron desapercibidos
El malestar se intensificó semanas después. Una noche, agotada y preocupada, le preguntó a su esposo si notaba sus ojos amarillos. Él lo confirmó. Debra ya mostraba otros signos de ictericia: orina oscura y un color amarillento generalizado en la piel. Incluso en su trabajo, compañeros bromeaban diciendo que parecía un personaje de Los Simpson.
Alarmada, acudió a médicos, quienes detectaron niveles muy elevados de bilirrubina. Estudios posteriores —entre ellos ecografías, TAC y resonancias— evidenciaron una obstrucción en el conducto biliar, responsable del cuadro clínico.
El diagnóstico que cambió su vida
Ante la falta de mejoría, el 11 de diciembre de 2018 Debra fue sometida a una intervención quirúrgica. El equipo médico encontró un tumor en la cabeza del páncreas y decidió realizar un procedimiento tipo Whipple, una operación mayor que implica retirar varias estructuras: la cabeza del páncreas, el duodeno, la vesícula biliar y parte del conducto biliar.
Después de la cirugía, recibió seis meses de quimioterapia. Finalizado el tratamiento, los especialistas confirmaron que no había indicios de enfermedad.
Una tragedia que volvió a golpear a la familia
Casi cinco años después, la historia se repitió con su madre, Pam Grindall. Al presentar síntomas similares, los médicos confirmaron otro cáncer de páncreas. Inicialmente respondió al tratamiento, pero meses después los análisis revelaron que la enfermedad se había extendido a la columna y los pulmones. Pam falleció en mayo de 2023, a los 65 años.
Para Debra, la coincidencia de ambos diagnósticos en la misma familia fue devastadora: “Sentí culpa por sobrevivir y, a la vez, no podía creer que estuviéramos pasando por lo mismo otra vez”, expresó al Daily Mirror.
Un llamado a prestar atención a las señales tempranas
Tras superar su propio proceso y enfrentar la pérdida de su madre, Debra envía un mensaje claro: no ignorar los cambios físicos que parecen menores.
“Si algo no se siente bien, háganlo revisar. Confíen en su instinto”, insistió.
Su experiencia también recuerda que los primeros signos del cáncer de páncreas —como picazón, cambios en la piel, ictericia o fatiga persistente— pueden confundirse con condiciones comunes, retrasando un diagnóstico que puede ser determinante.


