domingo, 26 julio 2026
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Mujer solicitó la eutanasia y, en vez de flores en su funeral, pidió comida para perros sin hogar

La despedida de Ángela Mariño que conmovió a miles: un adiós distinto, pensado para los animales

La historia de Ángela Mariño, una joven colombiana que enfrentó durante años un agresivo cáncer cerebral, ha sacudido las redes y generado una ola de solidaridad inesperada. Su última petición, compartida públicamente pocos días antes de su muerte, no buscaba homenajes tradicionales ni arreglos florales; pidió algo mucho más simple, pero cargado de sentido: alimento para perros y gatos que no tienen hogar.

La joven convivía con su diagnóstico desde el 2010 y, pese a múltiples cirugías y procesos de rehabilitación, la enfermedad regresó varias veces con fuerza. Esa lucha constante la llevó a solicitar la eutanasia, derecho que en Colombia puede ejercerse bajo estrictos criterios médicos. Aun así, más que hablar de su deterioro físico, Ángela usó sus últimas semanas para enviar un mensaje que hoy miles están replicando: transformar la despedida en un acto de compasión.

En un video que grabó junto a una amiga cercana, Ángela planteó la idea que marcaría su legado. “Las flores se marchitan; los animales necesitan ayuda todos los días”, comentó con serenidad. Su propuesta fue concreta: quienes asistieran a su funeral debían llevar concentrado para perros o gatos y donarlo a alguna organización o refugio que realmente lo necesitara.

El gesto, lejos de ser un detalle anecdótico, abrió un debate sobre las formas en que las personas pueden despedirse y el impacto que estos rituales pueden tener en causas que muchas veces pasan inadvertidas. Su amiga Tatiana, visiblemente conmovida, prometió seguir ese ejemplo y pidió que su propio funeral, llegado el momento, también dejara un aporte para el bienestar animal.

Ángela, quien siempre mostró sensibilidad por los animales, cerró el mensaje con una frase que se volvió viral: Voy a tener una fundación en el cielo. La gente en redes no tardó en reaccionar; miles dejaron comentarios resaltando su generosidad y la forma en que decidió trascender, incluso en la despedida final.

Además de su solicitud, Ángela pidió que su funeral se realizara con ropa de colores y un ambiente cálido, buscando que sus seres queridos la recordaran con luz y no con tristeza. Este detalle reforzó aún más la percepción de que su intención era dejar un legado de empatía, alegría y conciencia social.

El impacto de su mensaje no solo tocó fibras emocionales. Muchas personas aseguraron que replicarán la idea, destinando lo que antes gastaban en flores a apoyar refugios, jornadas de esterilización y rescate de animales. La frase “El amor también puede despedirse ayudando” se volvió recurrente en los comentarios.

Hoy, tras su fallecimiento, Ángela es recordada no solo por su valentía frente a la enfermedad, sino por convertir su despedida en un acto de amor colectivo. En un mundo saturado de noticias difíciles, su historia abrió una ventana para pensar en gestos más humanos y solidarios, pequeños pero capaces de hacer una diferencia real.

Su legado quedó vivo en cada bolsa de alimento entregada a un refugio y en cada persona que decidió replicar su mensaje. Una lección sencilla, pero poderosa: hasta en el último adiós, es posible sembrar bondad.

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