sábado, 11 julio 2026
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El adiós que nadie quería: muere el legendario vendedor de patí que marcó generaciones en Costa Rica

Se apaga un ícono del sabor caribeño: Orlando Thompson, el rey del patí, parte dejando un legado eterno.

Durante casi medio siglo, miles de costarricenses lo vieron aparecer con su canasta al hombro, sonrisa amplia y un “aquí está el mejor patí” que ya era parte del paisaje en estadios, ferias y bares del Gran Área Metropolitana. Ese recorrido incansable llegó a su final este domingo con la muerte de Orlando Thompson Cooper, de 79 años, un personaje que trascendió el oficio para convertirse en un símbolo cultural.

Thompson falleció en el hospital San Juan de Dios, donde permanecía internado desde hacía una semana. Su hija Eli, quien confirmó la noticia, recordó que él se mantuvo trabajando “hasta el último día que pudo”, fiel a su estilo de vida: siempre en movimiento, siempre con la canasta lista.

Una vida trabajada a pulso, entre el olor a masa y el calor de la fritura

Aunque en sus últimos años se desplazaba en carro porque ya la canasta le pesaba, durante décadas caminó por San José con paso firme y un ritmo que solo conocía alguien acostumbrado a “tirar el partido”, como él decía. Para Thompson, vender patí no era un trabajo: era su identidad.

En los últimos días antes de su hospitalización, el artista del sabor caribeño enfrentaba fuertes dolores abdominales y problemas respiratorios. Su familia detalló que un tromboembolismo pulmonar y un derrame pericárdico complicaron su estado, sumado a su historial cardiaco y a un marcapasos colocado hace cinco años.

Un sabor que se volvió marca y memoria colectiva

“El sabor de Thompson” no era solo un nombre: era una marca construida en la calle, a punta de constancia y calidad. Sus patíes picantes, empaquetados todavía calientes, se volvieron un clásico infaltable en la feria del agricultor de Plaza González Víquez y en bares como La Bohemia, donde muchos clientes decían que el martes o jueves no se sentían completos sin su visita.

En el fútbol, su presencia fue tan constante como un gol al minuto 90. Recorrió estadios de todo el país, especialmente los de Herediano y Cartaginés en sus últimos años. En el Ricardo Saprissa ya no podía entrar, pero siempre encontraba la forma de vender afuera, donde la afición sabía que tarde o temprano llegaría la canasta más famosa del GAM.

Una dupla inseparable detrás del éxito

El secreto del sabor no lo llevaba solo. Maribel Mena, su mano derecha por años, fue pieza clave en la producción: freír, empacar y mover la máquina cuando él ya no podía. Su hija reconoce que en las últimas semanas, cuando respirar era un esfuerzo, la presencia de Maribel fue vital para sostener el trabajo que tanto amaba.

Un legado que se queda en la memoria del país

Thompson no solo vendió patí: vendió tradición, cercanía, sabor y un pedazo del Caribe que se coló en la vida urbana de la capital. Su muerte deja un vacío enorme en quienes crecieron viéndolo aparecer entre la multitud, pero también un legado imborrable que seguirá calentando recuerdos.

Hoy Costa Rica despide a un trabajador ejemplar, un personaje de ciudad y un ícono popular que demostró que el cariño genuino y la dedicación diaria son suficientes para volver inmortal a cualquier persona.

El sabor de Thompson se va para el cielo, pero su historia queda aquí, en cada uno que alguna vez esperó ansioso la canasta más famosa del país.

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