miércoles, 1 julio 2026
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Las mujeres necesitan dormir más que los hombres

Durante años se ha repetido que el sueño es una necesidad igual para todos, pero la ciencia está desmintiendo esa idea. Nuevas investigaciones revelan que las mujeres no solo duermen diferente a los hombres, sino que además necesitan más horas de descanso para mantener su equilibrio físico, mental y hormonal.

Un reportaje reciente de Deutsche Welle (DW) analizó estudios científicos y testimonios de mujeres de distintas partes del mundo, dejando al descubierto una realidad que combina factores biológicos y sociales: mientras el cuerpo femenino exige más tiempo de recuperación, la vida cotidiana muchas veces se lo impide.

El cuerpo femenino pide más descanso

En promedio, las mujeres duermen entre 11 y 13 minutos más por noche que los hombres, y algunos estudios estiman que podrían requerir hasta 20 minutos adicionales para restaurar funciones cerebrales más complejas. La razón está en la carga cognitiva y hormonal que implica la vida diaria femenina: multitareas, regulación emocional, decisiones constantes y fluctuaciones hormonales.

El ciclo menstrual también incide directamente en la calidad del sueño. Durante la fase folicular, el aumento del estrógeno favorece el descanso profundo y la etapa REM, asociada con los sueños y la memoria. Pero en la fase lútea, la progesterona altera ese equilibrio: provoca más despertares nocturnos y hasta un 27 % menos de sueño profundo, lo que deja al cuerpo con menos capacidad de recuperación.

El psicólogo del sueño Julio Fernández-Mendoza, de Penn State Health, lo resume así:

El cuerpo de una mujer está diseñado para crear y sostener vida. Biológicamente, necesita un descanso más profundo y prolongado para poder cumplir esas funciones”.

Más allá de la biología: la carga invisible del cansancio

Pero el problema no se explica solo desde la fisiología. El sueño también se ve afectado por las estructuras sociales y laborales que pesan sobre las mujeres. En muchos hogares, ellas asumen dobles o triples jornadas: trabajo, tareas domésticas y cuidados familiares. Esa sobrecarga reduce sus horas de sueño y, peor aún, su calidad.

La entrenadora estadounidense Shantani Moore relató que cuando duerme poco, siente una “combinación tóxica” de ansiedad, irritabilidad y agotamiento. Su caso refleja lo que viven millones de mujeres que deben rendir en todos los ámbitos sin descanso suficiente.

El impacto es profundo: mayor riesgo de insomnio, ansiedad, desequilibrios hormonales y deterioro cognitivo, según diversos estudios. De hecho, las mujeres reportan el doble de casos de insomnio que los hombres, y esa brecha aparece desde la adolescencia.

Dormir más no es un lujo, es una necesidad

En el otro extremo, hay quienes lograron recuperar su bienestar al priorizar el sueño. Clara Paula, una trabajadora autónoma en Berlín, contó que su vida cambió al reorganizar su jornada laboral: “Ahora duermo entre siete y nueve horas. Empiezo más tarde, hago pausas y termino antes. Nadie me obliga a estar frente a la computadora agotada”.

Los expertos coinciden en que no se trata de “dormir por gusto”, sino de darle al cuerpo lo que biológicamente necesita. Durante el sueño profundo, conocido como fase N3, el organismo restaura tejidos, equilibra hormonas y consolida la memoria.

Dormir menos de lo necesario altera esos procesos y aumenta el riesgo de estrés crónico, envejecimiento prematuro y trastornos metabólicos.

Y aunque muchos intentan “recuperar sueño” los fines de semana, el investigador Fernández-Mendoza advierte que eso no compensa los efectos acumulados:

Podés aliviar la somnolencia, pero el cerebro tarda días en recuperar la atención y el tiempo de reacción. La deuda de sueño no se borra tan fácil”.

Una deuda de descanso que también es social

Más allá de las estadísticas, este tema abre una conversación urgente: el descanso femenino sigue condicionado por la desigualdad. Entre la presión laboral, las expectativas sociales y la falta de tiempo propio, muchas mujeres terminan priorizando todo menos su sueño.

La ciencia ahora pone sobre la mesa un mensaje claro: las mujeres necesitan dormir más, y deben poder hacerlo sin culpa. Reconocerlo no es una cuestión de comodidad, sino de salud pública, bienestar mental y equidad real.

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