En Ciudad Quesada, San Carlos, los vecinos y comerciantes vivían molestos con un hombre que, noche tras noche, se dedicaba a romper bolsas de basura en las aceras, dejando la calle convertida en un verdadero basurero.
Las denuncias no tardaron en acumularse. Cada mañana, los dueños de locales comerciales amanecían con desechos esparcidos frente a sus negocios, mientras los peatones debían esquivar los restos en las aceras. Más allá de la incomodidad, el problema representaba un riesgo para la salud pública y una fuente de contaminación.

Ante la situación, la Fuerza Pública decidió actuar. El propio director regional, Randall Picado, explicó que las quejas eran constantes:
“Los comerciantes y vecinos nos alertaron que esta persona, habitante de la calle, abría las bolsas en busca de materiales que vender, pero luego dejaba todo tirado. Las aceras quedaban intransitables y generaban focos de suciedad”, detalló.
Una vez localizado, los oficiales no solo lo confrontaron, sino que lo llevaron directamente a observar el desorden que él mismo había causado. La enseñanza fue clara: bajo supervisión policial, el hombre tuvo que recoger toda la basura que había dejado regada y volver a empacar los desechos correctamente.

Picado aseguró que el objetivo no fue únicamente obligarlo a limpiar, sino también generar conciencia en él sobre el impacto de sus actos. “Esperamos que este tipo de conductas no se repitan. No podemos permitir que la vía pública se convierta en un foco de insalubridad”, añadió.
El caso se viralizó rápidamente en redes sociales, donde muchos usuarios celebraron la acción policial y pidieron medidas más firmes contra quienes contaminan y afectan la convivencia en los barrios.
En Ciudad Quesada, la lección quedó clara: ensuciar las calles no solo afecta a los demás, también puede terminar obligando a quien lo hace a limpiar su propio desastre.


