El presidente ruso, Vladimir Putin, firmó este lunes el decreto que da inicio a la campaña de reclutamiento militar de otoño, con el objetivo de llamar a filas a 135.000 hombres para que cumplan con su servicio militar obligatorio. En medio de la prolongada guerra en Ucrania, el ejército ruso ha insistido en que estos nuevos conscriptos no serán enviados a la zona de combate, una promesa que ha sido puesta en duda en el pasado.
El servicio militar obligatorio y la nueva edad máxima de 30 años
El reclutamiento, que se realiza dos veces al año, es un pilar de las fuerzas armadas rusas. Los jóvenes llamados a filas deben cumplir un año de servicio militar. Esta campaña es una de las primeras en realizarse bajo la nueva ley que elevó la edad máxima de conscripción de 27 a 30 años, ampliando significativamente el universo de ciudadanos elegibles.
Las autoridades militares rusas hacen una distinción clara entre estos reclutas y los más de 300.000 reservistas que fueron movilizados específicamente para la ofensiva en Ucrania en 2022. Oficialmente, la tarea de los nuevos conscriptos se limita a funciones dentro del territorio ruso.
Una promesa bajo la sombra de la duda
A pesar de las garantías ofrecidas por el Kremlin, la promesa de que los nuevos reclutas no terminarán en el frente de batalla es recibida con escepticismo. Organizaciones de derechos humanos y el gobierno ucraniano han denunciado en el pasado que algunos conscriptos han sido presionados para firmar contratos profesionales y ser enviados a la zona de guerra.
Un ejemplo claro ocurrió en agosto de 2024, cuando Kiev afirmó haber capturado a varios reclutas rusos durante una incursión en la región fronteriza de Kursk.
La invasión a gran escala de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, ha alterado drásticamente el panorama de la seguridad global.


