La tarde del viernes, la comunidad de Purral de Goicoechea se estremeció con una tragedia que mantiene en vilo a Costa Rica. Leandro, un niño de apenas cinco años, fue arrastrado por la fuerte corriente que ingresaba a una alcantarilla mientras caminaba con su madre y dos hermanitos.
El hecho ocurrió pasadas las 6:25 p. m., en plena tormenta, cuando la correntada se llevó al menor sin que su madre pudiera hacer nada por evitarlo. Oficiales de la Fuerza Pública que patrullaban el área fueron los primeros en socorrer a la mujer y a sus otros hijos, dando inicio a una operación de búsqueda que desde entonces no se ha detenido.
Un operativo que no se rinde
Bomberos y Cruz Roja desplegaron equipos de rescate acuático, potentes lámparas de iluminación y hasta cámaras de sonda para intentar dar con Leandro. Sin embargo, la labor se ha visto complicada por la intensidad de las lluvias, la oscuridad y la fuerza del agua que desemboca hacia el río Torres.
El cruzrojista Erick Quirós explicó que la tarea es difícil por las condiciones del cauce, pero aseguró que los equipos permanecerán en el sitio hasta agotar todos los recursos. La Cruz Roja incluso utiliza reflectores capaces de iluminar hasta 300 metros, mientras vecinos recorren el río en busca de cualquier rastro del niño.
Una comunidad y un país en oración
Mientras los rescatistas trabajan sin descanso, la solidaridad se ha hecho presente. Vecinos de Purral se han sumado de manera voluntaria a las labores, y en redes sociales se multiplican los mensajes de apoyo a la familia de Leandro.
“Su risa y su ternura nos recuerdan que la vida de un niño vale cada plegaria, cada esfuerzo y cada lágrima derramada en esta espera dolorosa”, expresaron allegados que piden al país unirse en oración por el menor.
El trasfondo: lluvias que exponen riesgos urbanos
La desaparición de Leandro revive una preocupación recurrente en el país: la vulnerabilidad de los sistemas de alcantarillado durante la estación lluviosa. Cada año, con la llegada de fuertes aguaceros, se registran emergencias similares que ponen en riesgo tanto a peatones como a conductores.
Este caso, más allá de la tragedia personal, vuelve a plantear la necesidad de reforzar medidas de prevención y seguridad en las comunidades expuestas a caudales peligrosos.
Un pueblo convertido en familia
Hoy, Costa Rica entera clama por un milagro. La voz de miles se eleva en un mismo pedido: que Leandro vuelva a los brazos de sus padres. La angustia de una madre se ha convertido en la esperanza de todo un país.
Porque cuando un niño falta, la nación entera se convierte en familia.


