El expresidente de la República, Miguel Ángel Rodríguez, enfrenta uno de los momentos más duros de su vida: un proceso judicial que llega a juicio 24 años después de iniciada la investigación, justo cuando atraviesa una delicada situación personal.
A sus 85 años, Rodríguez no solo carga con el peso de una acusación por presunto peculado, sino también con la preocupación constante por la salud de su esposa, doña Lorena Clare, quien actualmente batalla contra el cáncer.
“Con la situación de salud que hemos estado viviendo en mi casa desde hace nueve meses, he estado involucrado día y noche atendiendo a mi mujer. Dejé de viajar, dejé de cumplir con algunas actividades internacionales con grupos de expresidentes, para quedarme en mi casa y atender a mi mujer, ahora me veo en esta situación”, expresó el exmandatario en declaraciones al medio La Teja.
Doña Lorena, además de su diagnóstico de cáncer, tuvo que someterse recientemente a una cirugía de reemplazo de prótesis de cadera, una operación necesaria luego de que la anterior —puesta hace 20 años— comenzara a luxarse.
“Ha estado recuperándose de eso, pero, gracias a Dios, ella es una mujer extraordinariamente fuerte y ahí está dando la lucha y ya no está con andadera, ya anda caminando”, comentó Rodríguez, visiblemente conmovido.
El juicio, que inició esta semana, ha implicado para él alejarse temporalmente de los cuidados hacia su esposa, algo que le resulta particularmente doloroso. “Este lunes que estuve en el juicio no podía llamar a mi esposa, pero sí podía ponerle mensajes para preguntarle cómo estaba”, relató.
El caso conocido como “Reaseguros” gira en torno a supuestos pagos, comisiones y beneficios recibidos por Rodríguez de parte de empresas británicas que aspiraban a ser reaseguradoras del Instituto Nacional de Seguros (INS). La Fiscalía lo acusa del delito de peculado.
Para Rodríguez, la duración del proceso judicial es una señal preocupante del estado de la justicia en el país. “Es increíble que en Costa Rica un proceso llegue a juicio por primera vez 24 años después. ¿Qué va a pasar después?, ¿va a haber apelaciones?, ¿va a haber segundas instancias?, ¿va a haber casación?, ¿cuánto más se va a extender, 10 años más?”, cuestionó con frustración.
Consciente de su edad y del desgaste emocional que enfrenta, también hizo una reflexión personal sobre su vida y su paso por los estrados judiciales: “Yo ya pasé el límite esperado de la expectativa de vida de un hombre en Costa Rica, ya tengo 85 años, eso son como 6 años más que la expectativa de vida”.


